Mostrando entradas con la etiqueta Amour Bouffon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amour Bouffon. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de abril de 2012

No somos ni Romeo ni Julieta (7)


Capitulo siete: ... Y colorín colorado, esta bufonada se ha acabado

-Mi pequeño Mordred – dijo Jacqueline, vestida ya con su uniforme de noche, a su gato negro mientras le rascaba debajo del hocico - ¿quieres que te cuente que le paso finalmente al hombre malo?
El gato ronroneó como toda respuesta.
Jacqueline LaFey se había teñido el pelo de un color negro ala de cuervo que hacía aún más cremoso el tono de su piel, cambiar, mutar, era el camino de todo guerrero... Y era la única verdad en el universo: Todo Cambia, Nada Permanece...
-Pues papa y mama le metieron su mazo de polo por el culo mientras el hombre malo leía la nota de despedida de la escultural rubia a la que estaba prometido, por la que había roto su amistad con papa, y que ahora le abandonaba por ser un jodido eunuco maricón.
Al ronronear de nuevo, el gato pareció reírse del destino de Darío Ricardo Pendragón.
-¡Uy! Que perversa es mi cosita – rió Jacqueline mientras acariciaba a su mascota antes de incorporarse para marcharse.
Cuando estaba junto a la puerta se detuvo frente a una foto de Lucas DuLac, acarició el rostro de la foto...
-¿Dónde estas mi Bufón chulo y beio? Tus chicas te echan de menos – luegos e beso la yema de los dedos y las planto sobre la foto -... Vuelve pronto, anda.
Jacqueline abandonó el apartamento con paso sinuoso, al tiempo que pagaba la luz del apartamento...
... Y al cerrar la puerta, el foco de luz que venía del pasillo hizo el mismo efecto de un foco al cerrarse al final de un espectáculo escénico...
¡Y eso es todo amigos!
(Al menos por ahora)
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

No somos ni Romeo ni Julieta (6)


Capitulo 6: Como un cohete

Jacqueline LaFey estaba como niña con juguete nuevo, habían empezado robando unos prototipos de armaduras de combate en unos almacenes propiedad de Darío Ricardo, y ahora ella planeaba por los aires con una de ellas...
-Dios, soy un pájaro, soy un avión, soy...
-Una bruja sin escoba – terminó la frase Lucas.
Jacqueline le sacó la lengua.
-Pues yo no veo que tu te pavonees menos – le pinchó, entonces ella – además, ya se sabe lo que dicen de los tíos con armaduras grandes.
-Pues no lo sé, lo cierto es que yo la tengo como un niño de diez años.
-Bueno, eso es un buen signo de modestia... No te pega.
-Imagínate lo que sería que te metieras un niño de diez años por cualquiera de tus orificios, y sabrías lo que es pegar de verdad – rió, él, a carcajadas.
-Ese si es mi Lucas – concedió, ella, con una sonrisa -... Aunque, son tantas veces ya las que me has insinuado tener sexo, que voy a tener que empezar a apuntarlo en mis planes... No sé – la sonrisa picara de Jacqueline desconcertó a Lucas, aquel si que era un golpe que el ingenioso muchacho no se esperaba.
-Ponte a la cola – terció él, negándose a darla la victoria.
.De eso exactamente estamos hablando ¿No? – contestó ella.
Lucas DuLac finalmente hizo el gesto de ondear la bandera blanca.
Entonces ella hizo algo que ninguno de los dos esperaba, se puso a su altura, le agarro del rostro y los beso en la boca.
-Gracias.
-¿Por? – balbuceó él.
-Cuando seas mayor lo sabrás – dijo alborotándole el pelo, y volviendo a ascender.
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

No somos ni Romeo ni Julieta (5)


Capitulo cinco: We can be Bouffons, forever and ever.

Beatricce cepillaba su largo cabello dorado, tan largo que, cuando lo soltaba, cubría el suelo a sus pies, mientras miraba por la ventana el partido de polo que su prometido jugaba en los jardines.
Si al menos demostrara el mismo ímpetu en la cama, suspiró la beldad rubia.
Beatricce se miró en el espejo ovalado que tenía sobre el tocador: ¿Acaso no tenia un cuerpo perfecto? ¿Sus piernas no eran lo suficientemente largas y torneados sus muslos? ¿No tenia un vientre plano y liso, y unos pechos redondos firmes, y bien puestos? ¿acaso su rostro no era hermoso? ¿No tenia una boca carnosa y sensual? ¿Su nariz no era respingona y graciosa? ¿Sus ojos no eran bonitos, tan grandes y claros, con aquellas pestañas larguísimas? ¿Acaso el que solo fuera vestida con sus largos cabellos no haría que cualquier hombre se la echara encima? Pues, lo que era “su hombre”, no.

Sentados frente a frente sobre bancos de piedra, Lucas DuLac miraba a Jacqueline LaFey y ella le devolvía la mirada.
-¿Qué nos ha pasado, Lucas? – pregunto ella - ¿Podemos aún reconocernos el uno al otro?
-Yo siempre podré reconocerte a ti, Jackie – contestó él - a la chica insegura que se esconde bajo varia máscaras, y a través de ella seduce y calienta, manipula y alienta, a otros hombres a desearla... Por qué cuando los oye gemir, o alabarla, mientras ella esta en acción, ella se da cuenta de lo preciosa que es de verdad, aunque sea viéndose realmente a través de los ojos de todos aquellos hombres y mujeres perdidos. Cuando nos conocimos tu trataste de seducirme igual que a ellos, pero yo pude ver a esa niña insegura, con poca relación familiar, y ansiosa de atención y cariño... Pero nunca podría juzgarte, yo he actuado igual o peor, y es por eso que entiendo la adrenalina y las demás sensaciones que exponerte de esa forma provocan en tu cuerpo, de golpe eres el centro de atención, el objeto de su deseo y a quien dedican sus secreciones... sí, es adictivo, pero también es autodestructivo – hizo una pausa - ¿En que crees que nos convierte eso?
Jacqueline hizo una pausa, y al rato sonrió.
-En bufones – dijo chasqueando los dedos.
Lucas no pudo evitar romper a reír.
-Cierto – se secó una lagrima – muy cierto, ma cherìe.
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

No somos ni Romeo ni Julieta (4)


Capitulo cuatro: Hace un millón de cuentos, en un bosque muy lejano...

-¿Dedón vas Tacirupeca Jarro?
-¿Cómo?
-Dónper – la voz entre la niebla y los árboles carraspeo - ¿Dónde vas Caperucita Roja?
-Así mucho mejor.
-¿Acaso a casa de tu abuelita? – pregunto la voz.
-Pues no.
La noche era fría, y Jacqueline LaFey se había puesto algo bajo el corsé, botas altas, y medias gruesas, además, por encima de la ropa lucía una capa escarlata con capucha para cubrirse la cabeza del frío y la humedad. Entre sus manos portaba una pesada cesta, comprendía la confusión de identidades.
-¿Entonces que llevas en esa cestita? – el dueño de la voz pareció relamerse -... Un pic nic... O quizá una buena guarnición con la que acompañarte.
-Armas para rescatar a una amigo – le contestó Jacqueline.
-Joder, como ha cambiado el cuento – se quejó la voz.

Lucas DuLac estaba esperando sentado frente a la puerta de la casa de aquella bruja.
-Y yo que venía a rescatarte – se quejó Jacqueline al verlo.
Lucas se encogió de hombros.
-Lo siento, esa mujer me dejo hacer una llamada y mi rescate vino como loca antes.
-¿Tu rescate? – pregunto ella desconfiada, quizá algo celosa.
-¿Recuerdas a esa cocinera regordeta que siempre andaba detrás de mi, pregunta que te pregunta? – la dijo Lucas.
-Sí – asintió Jacqueline, aún molesta -... La ninfomanía babosa esa.
Lucas sonrió pícaro.
-Pues vino corriendo a “reunirse conmigo” – en ese momento la salida de humos de la cocina soltó una varada de humos -... Mejor ella que yo ¿No?
Jacqueline abrió mucho sus preciosos ojos claros.
-¿Serás capaz de? – pregunto boquiabierta.
Lucas señalo el humo.
-He sido capaz.- Se encogió de hombros -... La verdad es que la cerdita peggy suplicó mucho cuando supo que era un trampa, pero, a esa mujer insaciable le gusto más el intercambio – y señalándose las partes añadió -... Yo solo tenía una cosa gorda, y cualquier mujer hasta de eso se cansa.
Jacqueline no sabía si reírse o golpearle...
-Eres un caso perdido – dijo, al final - anda, vamos para casa... y, mientras, pensamos que vamos a hacer con Darío Ricardo y su intento de sacarte de acción.
Y cogidos del brazo, se alejaron los dos amigos.
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

No somos ni Romeo ni Julieta (3)


Capitulo tres: Por la boca muere el pez y disfruta el bufón

Embutido en unos pantalones de brillante cuero negro, sujetos por dos cinturones, de tachuelas (prácticamente cruzados en su cintura), con una camiseta negra sin mangas, cadenas: una, colgando de su cintura y, la otra, alrededor de su cuello; y, por ultimo detalle, sendas muñequeras de cuero circundadas por brillantes tachuelas, así lucía Lucas DuLac, cuando se adelantó para ponerse frente al enorme pórtico dorado enclavado en la pared lisa de aquella enorme montaña.
Mirando, por encima de su hombro, a sus dos acompañantes, hombres de Darío Ricardo cuya presencia allí era meramente de testigos para su jefe, que permanecían a sus espaldas, les dijo con una amplia sonrisa.
-Mirad.
Los dos de atrás asintieron.
Lucas ya estaba tocando a la puerta: Toc... Toc...
-¿Hay alguien?
La voz, que sonó entonces, hizo temblar la puerta.
-Sí... ¿Quien eres? Si eres testigo de Jehová vete por donde has venido-
-Solo un viajero – respondió Lucas quien, pues no era tonto, sabía bien a donde le enviaban los celos de su, hasta entonces, mejor amigo -... estoy perdido, y hambriento ¿Me dejaría pasar aquí la noche?
La pesada puerta se abrió sola, sumergida, muy cerca, estaba la atractiva dueña de aquella gruta de los misterios, sumergida en su baño de sangre (sangre de sus jóvenes victimas).
-Claro, entra, y, sigue hasta el fondo – dijo la mujer, mirándole de arriba hacia abajo.
Lucas miró hacia donde le indicaban, el destino era claro.
-¿Hasta esa jaula?
-Sí, corazón, aquella tan húmeda y lúgubre.
Lucas se encogió de hombros, y camino hasta el interior de aquella estructura.
-Ya estoy.
La desnuda hechicera le había seguido a poca distancia, y, enseguida le tuvo dentro, cerró la puerta.
-¿Por qué cierra la puerta de la jaula? – simulo inocencia, Lucas - ¿Y, encima, se relame obscenamente, como si yo fuera algo comestible?
-Es obvio.
-¿Obvio? ¿Acaso va a comerme?
-Todito... supongo, es lo que viene en el guión.
-Pero, hermosa, y sanguinolenta, doncella, si aun no comprobó si estoy gordito para eso. ¿Quiere que la enseñe mi dedito, para que lo palpe, y, se asegure? Ande, tome mi dedito y pálpelo - en vez de dedo, Lucas, sacó, entre los barrotes, su miembro viril -... Así, vera usted si estoy para comerme o no.
La doncella antropófaga se quedó boquiabierta ante la osadía de su última victima.
-Muchacho malcriado, ese no es tu dedo.
Lucas no era tonto, ni aquella bruja caníbal miope.
-¿No la gusta lo que ve? Mire que gordo se ha puesto en un momento.
La mujer lo miró con nuevos ojos, y una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras pasaba la lengua por sus carnosos labios.
-Ah, pues sí, ves.
-¿No la gustaría probarlo?
-Pues, en verdad, podría lamerlo para ver a que sabe.
-Sírvase usted misma, así sabrá si la carne es de su gusto.
La doncella antropófaga, empezó tocando, tan solo, la puntita con su cálida lengua.
-Mmmmmmmm... Señora, o señorita, es, usted, toda una gourtmet.
-Señorita, por favor... Mmm... Pues, tenías razón, parece buen material... Ahora, que sé el sabor, chupare un poco más... para evaluar la ternura.
Agarrado a los barrotes, Lucas movía las caderas de adelante hacia atrás...
-Me alegro la guste... Mmmmmmm...
-Si no te importa, primero probare la cabecita.
Se introdujo en la boca el hinchado glande...
-Esa es la mejor parte, es tierna y cálida, y, bastante jugosa.
... Al tiempo que pasaba la lengua por el tronco, para, de nuevo, volver a engullir el glande.
-Mmmmmmm – continuó, Lucas, cada vez más contento con su castigo, pero, aún así era un castigo y debía pensar algo para ganar tiempo... a su siamés calvo y tuerto y a él aún debían quedarle algunas aventuras, no podían separarse todavía, sería injusto para muchas doncellas -... ¿No ira a comérmela cruda? Si no la importan las sugerencias, se la recomiendo con un poco de nata o sirope de chocolate.
-¿Por? ¿No le encuentro mal sabor?
-¿A usted la sabe bien?
-Supongo, no acostumbro a probar la comida aún viva antes de comérmela.
-Pues, entonces, nada que hablar, todo al gusto del cliente... ¿Quiere plato, cuchillo y tenedor, para disfrutarla mejor? No será porque no se lo pongo fácil.
La mujer solo lo pensó un instante. Negó con la cabeza, y contestó a su prisionero:
-Es mejor cogerlo con las manos... Lamerlo... Chupárlo... Morderlo...
Y a cada nominación le había seguido la acción.
-Como quiera, he de confesarla que también a mi me gusta más así... Oiga, no la importa que me corra en su boca ¿Verdad?
-Para nada me encantaría, dicen por ahí que el semen tiene muchas proteínas y...
Dicho y hecho.
-¿Pero qué ...? ¿¡ya!?
La bella bruja se retiró con la boca llena del semen que no había podido tragar.
-Bueno, señora – contestó divertido, Lucas -, ya tiene la salsa para la comida ¿Qué hará con el resto?
-Me lo comería, pero, ahora, no sé.. me da apuro.
Lucas, despreocupadamente, se tumbo sobre un montón de paja que había en un rincón de la jaula.
-Entonces, déjeme quedarme a dormir aquí en su casa, y mañana seguimos ¿le parece?
-Claro, cielo, claro... tienes razón, las prisas son muy malas para el estomago.
La mujer se retiró a lavarse la cara y los pechos, manchados por la imprevista descarga de Lucas.
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

No somos ni Romeo ni Julieta (2)


Capitulo dos: Princesa busca Consolador

De cinco solitarios había ganado, completado, solo uno... Beatricce desnuda, le miraba melancólica desde su lado de la cama.
-Vamos a por el sexto – anunció él.
-Si tu así lo quieres – suspiro ella, sumisa a sus deseos.
El sexto tampoco se culminó...
Beatricce, triste Beatricce, estaba al borde de las lagrimas.
-Hazme casito – le suplicó.
-No hay seis sin siete.
-Pero el alba ya despunta – se quejaba la princesa.
Él la sonrió.
-Es el último, lo prometo,
-Esta bien.
Ya casi lo tenía... y en el último momento ¡Zas! Se bloqueó...
... Hace trampas, o cree que la engaña, la séptima ya era la octava.
Y la octava también fracasó, ella comenzó a hablar, quizá para fastidiarle intentando desconcentrarle.
Furioso comienza la novena...
... Y a la novena va la vencida.
-¡Ya está!
-¿¡Como que ya esta!? – exclama insatisfecha.
El heredero multimillonario Darío Ricardo Pendragón, y su prometida no es que se compenetraran muy bien en la intimidad del lecho... Ya me entendéis.

Lucas DuLac dormía en la habitación de al lado a la de la pareja, cada noche era testigo auditivo de los múltiples fracasos de su mejor amigo en el lecho. Ambos muchachos se conocían desde niños y solo se habían separado cuando, a instancias de su padre que pensó que así le haría más hombre, Darío Ricardo inició la carrera militar, Lucas, por su parte, inició la del galgo: correr detrás de todo conejo que se le cruzara por delante.
Beatricce entró en la habitación del mejor amigo de su prometido, buscando consejo, quizá algo de consuelo.
-Darío Ricardo no me come, Lucas – se quejó lastimera la princesa.
-Dale vitaminas – respondió Lucas, tratando de no mirar directamente a la bella muchacha, que consideraba que el mejor tejido para vestir su impresionante cuerpo eran sus largos y sedosos cabellos.
-Traté con Viagra, y me volvió a romper el corazón – añadió la melancólica ninfa.
-Sí, lo pone en el prospecto: no utilizar si se tiene problemas coronarios o de nala circulación – dijo, Lucas, sudando por su deseo de mirarla, pero considerando que de hacerlo para su amigo sería una traición -... Quizá, por eso, tampoco, alarguéis mucho el viaje en trenecito.
-¿Será que ya no le gusto? – pregunto, mientras trataba de ponerse en el campo visual de Lucas, para no sentirse tan ignorada.
Lucas abrió los ojos como platos ¿Cómo un ángel como Beatricce podía plantease tan siquiera que podía no ser atractiva a cualquier ser con sangre en las venas? ¿Acaso no tenía por toda la casa espejos que la devolvieran su imagen, perdidamente, a pesar de ser objetos inanimados, enamorados de ella?
Mirando al suelo y cerrando los ojos, para que fuera imposible que ella se le mostrara en todo su desnudo esplendor, Lucas la contestó.
-Paparruchas.
Y la conversación hubiera ido a más, o, quizá, la insistencia de Beatricce porque él la mirara mientras hablaban, le hubiera empujado a ir a más con ella, de no ser porque, Darío Ricardo entro en ese momento en la habitación.
Por un momento hubo silencio, el rico heredero confundió el rubor de su prometida, por ser descubierta mientras desvelaba la intimidad de ambos dos, por la sorpresa de haber sido pillada en traicionera intimidad con aquel bufón al que una vez llamó amigo, incluso hermano.
-¡Sal! – la ordenó, conteniéndose por no hacer mayor numerito.
Sumisa y obediente, Beatricce abandonó en silencio la habitación.
Darío Ricardo y Lucas quedaron dentro, de seguro que el joven y rico heredero iba a exigir venganza o gratificación por una traición que solo existía en su mente... y de seguro, que aunque Lucas se lo explicó, el siempre orgulloso Rockefeller solo vió y escucho lo que ego herido le dictó.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

No somos ni Romeo ni Julieta (1)


Capitulo uno: Por ti invadiría Polonia

Jacqueline LaFey con su metro sesenta y tres centímetros, con aquel rostro dulce y de ojos grandes, claros y juguetones, era la última chica a la que imaginarias tratando de meterte el miedo en el cuerpo... Eso era una ventaja para ella.
Durante toda su vida se había cuidado de vicios y excesos, aunque no por ello era una chica aburrida... Todo tenía su razón de ser.
Y la explicación a todo esto llegaba al caer el sol, cuando aquella estudiante de instituto, pizpireta y divertida, se calzaba el corsé, el gorro puntiagudo, y los leotardos a rayas (a juego con los mitones) que sujetaba al corsé con ligueros. Entonces Jacqueline dejaba paso a su alter ego: la Bruja.
Aquel ser nocturno si que daba miedo, las supersticiones calan hondo en el alma humana y ella lo sabía...
-Hay dos formas de hacer esto – la noche era fría, así que llevaba un poncho blanco (quizá demasiado grande, viendo que la resbalaba por los hombros) sobre el corsé -, la fácil o la difícil.
Jacqueline había practicado con la iluminación y la gestualidad, en esos momentos el hombre al que trataba de aterrar creía estar delante de una mujer con ojos de gato: luminiscentes en la oscuridad.
-No se quien eres o lo que quieres, pero...
No llegó a completar la frase, la puntera de los zapatos de Jacqueline se clavó en su barbilla... la dentadura se hundió en la carne de la lengua, estaría un buen rato sin hablar.
-Creo que elegiste la opción difícil, una pena – se burlo ella.
Otro puntapié, y el hombre, que había caído de rodillas, quedó inconsciente.
Jacqueline cogió el dinero del bolsillo del dormilón, y se marchó...
... Otra noche de trabajo, y otro cliente satisfecho.

Día siguiente, en una habitación cualquiera... Jacqueline y una amigo escuchan “Carmina Burana”...
-Me están entrando gañas de invadir Polonia – exclama el chico, emocionado con el “O Fortuna”
-¡Uy! Yo tengo una muy poblada “Polonia” – exclama ella.
Aclarar, solo eran amigos.
Él se quedó con los ojos como platos, ella se sonrojó.
-¡Ñam! ¡Ñam! – dijo él.
-¡Ñam! ¡Ñam! – respondió ella -... Creo que me contagiaste la temperatura.
-Sí, es que yo siempre estoy a alta temperatura – contraatacó el amigo.
Las gafas del chico se ahuman en instantes, mientras una sonrisa de bufón satiro cruza su rostro.
Él se llama Lucas DuLac, y este es el deporte nacional de los dos.
Creedme, entrenan cada día para ser los mejores.
-Ya somos dos – sonrió Jacqueline -... solo que yo me aguanto.
-Será que ahora te vas a cortar conmigo – sonrió, alzando las cejas, Lucas.
Ella rió, roja como un tomate.
-Son raras las ocasiones en que no puedo controlarme.
-Yo al revés, son raras aquellas en que puedo – devolvió la pelota, Lucas.
-Entonces a mi me tocan todas esas.
-¿Cuáles?
-Las ocasiones en las que te controlas – respondió ella, haciendo un mohín de decepción.
La sonrisa regresó al rostro de Lucas, quien sin moverse del sitio, ya parecía cubrir a su amiga.
-¿Tu crées?
Jacqueline asintió.
Lucas hizo como que pensaba y contestó:
-¿Y que podría hacer yo para demostrarte que te equivocas?
Al ver la mirada de su amigo, Jacqueline sintió miedo... Quiso retroceder.
-Esto... No sé.
Jugueteando con su cinturón, la mirada de Lucas era inequívoca.
-¿Quieres que nos igualemos?
Un día, tiempo atrás, Jacqueline había tratado de ver los limites de su amigo comportándose como una gatita mimosa, tratándole de seducir... Él se había puesto rojo como un tomate, pero el respeto ganó en aquella ocasión.
Ahora era ella la que, como él en aquella ocasión, tartamudeaba y se ponía como la señal de stop de un semáforo...
-Esto... Mmmmm... Jijijijiji...
-¿Eso es un sí o un no? – tiró él, un poco más de la cuerda.
-¿Como iba a pedirte eso? Eres mi mejor amigo – dijo ella riéndose.
-Pues, puedes hacerlo pidiéndolo por favor, o de rodillas, o simplemente pidiéndolo.
Ella rompió en carcajadas.
-¡Payaso!
-Ingenioso – corrigió él -. Lascivamente ingenioso – y llevándose la mano a la cintura, como un héroe de capa y espada -... Soy de verbo afilada – y mirándola con picardía, remató -, y lengua juguetona.
-No tienes ni que jurarlo – decía ella, retorciéndose de risa.
-¿Acaso desea milady que mi lengua juegue con su conejito? – dijo él con voz fingidamente afectada.
Jacqueline se retorcía en el suelo, entre hipidos con la boca y los ojos bien abiertos pues aquello ya la superaba... Tendría que sacar la bandera blanca, y declarar a Lucas ganador de la justa.
-Oiga, caballero, que yo soy de pensamiento e ideas puras.
-Es una pena, yo soy de pensamiento e ideas locas.
-Quizá yo sea de amabas – contestó ella, sin darse cuenta de su lapsus lingüístico.
Él si lo hizo, y lo aprovecho para seguir aguijoneando.
-Oye, tanto como amar... Eso ya tendríamos que hablarlo... Invitarme a cenar, comprarme flores, pedirle la mano a mis padres, etc...
-¿Amar? ¿Quién hablo de...? – pero enseguida se dio cuenta, y volvió a reír, al darse cuenta de su torpeza... cediendo a su rival un buen punto donde lanzar el estoque -... Sí, tendré que conquistarte, comprarte flores. Chocolate, invitarte a cenar...
-O ofrecerte para cenar – incluyó, él, en medio.
-... Hacerte la cena.
-Nada, la cena la preparo yo, tú ya haces suficiente poniendo la carne.
Las risas se turnaban con las ingeniosas estocadas dialécticas.
Cuando las risas se fueron apagando, y ellos seguían a la misma distancia de seguridad, Lucas preguntó:
-¿Ya sacaste la bandera blanca?
Jacqueline rió, y, asintiendo, contestó.
-Algo así.
-Porque yo puedo estar horas dándote la replica.
Ella le dedicó su sonrisa más dulce.
-No tienes que jurarlo.

Dicen que el cuélebre habla tan solo en inglés
pero está yendo aprender para hablar del revés
y no entederse con nadie ni en chino ni en bable
sobran las palabras
que las palabras se enredan
y forman oscuras las buenas ideas
dicen que el cuélebre habla tan solo en inglés.


-Canción divertida – presentó Lucas, el tema de Victor Manuel que, en esos momentos, llenó la habitación.

Dicen las lenguas que el cuélebre fue un travestí
pero el repite a la gente me hicieron así
puedo ladrar como un perro, nadar como un pez
o volar como un cuervo
me gusta andar los caminos calzando madreñas
tras de las mujeres
dicen las lenguas que el cuélebre fue un travestí


Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

lunes, 9 de abril de 2012

La Imagen en el Art Bouffon: Salome (2)


¡Ah! No quisiste dejarme besar tu boca, Yokanaán. Pues ahora la besaré. La morderé con mis dientes, como se muerde una fruta madura (Oscar Wilde; Salome)
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

La Imagen en el Art Bouffon: Salome (1)


Si me quieres a mi, antes entrégame su cabeza en bandeja de plata.
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

Asylum


-Quiero contarte una historia – susurró al oído de la joven reclusa.
-¿Sobre que trata? – preguntó la chica.
-Sobre ogros y conejitas con alas – fue la respuesta.
La chica, Adriana, sonrió con gesto ausente.
-Me gusta.
-Lo sé... Relájate y escucha.
La enfermera sacó una de las agujas que llevaba prendidas al muslo, apretó el embolo para vaciarla de aire y la hundió en la desnuda nalga de Adriana.
-Cuando estará lista – preguntó el encorvado hombrecillo de la bata, mirando con deseo a Adriana.
-Pronto – siseó la enfermera.
De no ser por la camisa de fuerza, y las correas que la inmovilizaban, Adriana estaría completamente desnuda sobre aquella mesa de autopsias...
-Muy pronto – siseo Adriana mientras, efecto de lo que fuera que llevara la inyección, la oscuridad la abrazaba.
Los internos enloquecidos golpeaban, al ritmo, las vidrieras que separaban la sala donde todo esto sucedía de aquella donde ellos se encontraban...
-Nosotros también queremos, nosotros también queremos, nosotros también queremos – cantaban.

Paloma caminaba con la mirada ausente entre la gente, los labios entreabiertos, y las manos hacía delante... Las cámara la seguía mientras interpretaba su papel de iluminada.
-¿Ahora que vas a hacer? – la preguntó el cámara.
-Dame opciones – respondió ella, sin abandonar su papel.
-Puedes arrancarte las ropas, y ofrecerte a los crédulos hambrientos de santidad o...
-Me gusta esa idea – no le dejó acabar ella - ¿Tienes la luz dorada lista?
En instante un inmenso resplandor dorado lo cegó todo, Paloma silueteada sonreía beatifica a todo el que la observaba... Poco a poco se liberó de sus ropas, los videntes permanecían inmóviles, hasta que, como borregos babeantes, comenzaron a mascullar:
-Nosotros también queremos, nosotros también queremos, nosotros también queremos – cantaban mientras se acercaban a Paloma.
-Tomad, yo soy el vehículo de la salvación – le ansiaba ella, mientras un millón de manos aviesas se convertían en su nuevo traje...
...
-¿Eso es todo lo que tenéis? – Paloma frunció graciosamente el gesto, mientras se echaba el cabello azabache sobre el hombro, y miraba lo que habían grabado esa tarde,
-Tenemos lo de aquel pueblo aislado donde se murió todo el ganado y los ricos apgaban por la carne de los hijos de los pobres. Ahí estuviste sensacional.
Paloma se encogió de hombros.
-Esta bien, no perdemos nada.
Una voz en off introducía la historia, mientras en la pantalla se veía un paisaje desolado... Estructuras hechas de huesos de vaca alrededor de las que pululaban delgados jóvenes de ambos sexos...
-Estamos en un mundo donde una extraña epidemia ha acabado con todo el ganado existente, y la ausencia de carne ha llevado a que los que más tienen compren a los hijos de los menos favorecidos para poder consumir su carne.
Entonces cambió la escena, una casa baja prácticamente en ruinas... Paloma, vistiendo un cara conjunto hablaba con los dueños, mientras, tanto estos como Paloma, echaban rápidas miradas a la única joven de la casa.

Tras un rato de asentimientos e intercambio de palabras, pidieron a la joven, y única, hija del matrimonio que se acercara, y Paloma le preguntó.
-¿Qué edad tienes?
-19 – respondió educadamente la muchacha.
-19 años – Paloma meditó la respuesta, y calculo algunos factores -... no es mala edad – les dijo a los padres -, aunque abaratara el precio – y de nuevo dirigiéndose a la chica - ¿cuanto mides y pesas?
La chica lo pensó un rato antes de decir:
-1,63, y peso 57 kilogramos.
-No esta mal, además se te ve sonrosada – y, mirando a los padres -. Podríamos acordar un buen precio – y se centró de nuevo en la muchacha - ¿Cuidas tu alimentación? ¿Has tenido alguna enfermedad?
-Trato de comer sano – y algo avergonzada añadió -, aunque me pierde el chocolate... y no recuerdo ninguna enfermedad grave.
-Mmmmmm - le pellizcó las mejillas que resaltaban en aquel rostro redondo como una luna rosa -, ¿Te gusta el chocolate? – esperó a que la chica asintiera, y contenta le anunció -... Bien, allí donde te llevo comerás mucho chocolate, pues, tienes que engordar.
El Chofer de Paloma condujo a la chica hasta el coche que espera fuera, y la introdujo en el interior. Mientras, dentro de la casa, Paloma pagaba a los padres.
Realizada la transición, se reunió con la chica en la parte de atrás del vehículo.
-Sabes por qué estas aquí ¿No? – le preguntó.
La chica negó con la cabeza.
-Bueno – le informó Paloma -, te he comprado a tus padres. Sabes lo del ganado, lo que le paso, y que ya no hay carne ¿Verdad?
-Sí – asintió la muchacha.
-Bien – sonrió satisfecha Paloma -, nosotros, los ricos, hemos descubierto un modo de poder comer carne ¿Sabes cual? – esperó a que la joven volviera a dar muestras de su falta de información, y prosiguió explicando -... Bueno, la gente pobre necesita dinero, y suele tener una prole numerosa difícil de mantener- Nosotros les quitamos un poco de esa carga y, al mismo tiempo, gratificamos la cría de este nuevo ganado con buenas remuneraciones económicas ¿Entiendes ya?
El redondo rostro de la muchacha se congestiono un poco por el temor.
-Sí – asintió, asustada por su suerte.
Palpándole un muslo, Paloma añadió:
-Si satisfaces mi paladar pagare un extra a tus papas.
Menuda putada le habían hechos sus padres, ella iba directa al matadero y ellos, que no tendrían ya hijos que alimentar se iban a llevar una buena tajada a dividir solo entre dos.
-Conozcámonos mejor – dijo Paloma - ¿Qué estudios tienes?
-Elementales, mis padres no pudieron pagarme la universidad.
-¿Eres más de ciencias o de letras?
-Letras... No, perdón ciencias – la chica estaba tan nerviosa como aterrada, a que venía tanta pregunta si pensaba comérsela.
-¿No te decides? – preguntó, Paloma, pellizcándole un costado.
-Letras... Definitivamente, letras.
-Muy bien – asintió satisfecha -... siempre me han gustado la sopas de letras - añadió palpándole el brazo, para enseguida bajar la mano de regreso al muslo y de ahí entre las piernas de su presa - ¿Tienes o has tenido novio?
-No... Bueno, si – la chica seguía confusa, invadida por el terror a la amenaza que Paloma suponía, y por la rabia hacia esos padres desnaturalizados que la habían cambiado por unos cuantos billetes -... Tuve uno, pero no duro mucho.
-¿Eres virgen? – preguntó. presionando con su mano la entrepierna de la muchacha, masajeándosela en círculos.
Sin voz por aquello, la chica se limitó a asentir.
-Uy, eso tendremos que solucionarlo – Paloma negaba con la cabeza -, por si decido asarte al espetón – aún así, quiso saber algo más de las intimidades de la muchacha - ¿Solo os dabais besitos, sin otros juegos? – y, mientras, con la otra mano jugueteaba entre los labios de pez de la muchacha - ¿Estos también son vírgenes?
La chica se sentía a cada momento más turbada que antes, confusa y paralizada por la extraña situación y las sensaciones que la traían, tardó en contestar con un escueto.
-Solo... Solo besos.
Paloma sacó su móvil y marcó un numero.
-Entonces mandare que preparen un muchacho para tu llegada a la casa.
Los ojos de la chica se tornaron auténticos platos decorados con horror, al tiempo que su sonrosado rostro lunar adquiría el tono del tomate.
-No quiero... No hace falta.
-Pero - y comenzó a desnudarle el torso - yo si que lo quiero... y si creo que hace falta. Además, ahora eres mía – con un pecho en cada palma de su mano, pesándolos y evaluándolos, le miró como quien mira a una niña cabezota que no quiere entrar por el aro -... Recuerda tu situación, corderito – le amenazó -. A partir de ahora se hará lo que yo desee o considere que ha de hacerse contigo, y tu serás obediente y sumisa ¿Ok?... Puedo, hacértelo fácil... o - apretó con fuerza los pechos hundiendo las uñas en la tierna carne -, difíciles. Tú eliges... ¿Seras obediente y me satisfarás en todo?
Aterrada ante lo que pudiera ocurrir de enfadar a aquella mujer (un destino peor que la muerte, decía la frae de un libro que un día ella legó a leer), la chica acabó por asentir.
-Muy bien – concluyo, satisfecha, Paloma.
No hablaron más durante el resto del viaje, y, cuando llegaron a la casa, Paloma se ausentó y a la chica la condujeron a un jardín donde ya esperaba un joven desnudo, de más o menos su edad.
Palomá se unió a ellos poco después, vistiendo tan solo un batín negro de tejido delicado y fino, y llevando un enorme libro bajo el brazo. Le dijo a la muchacha:
-¿Vas a desnudarte o prefieres que te arranquen esos andrajos?
La chica, viendo el gesto severo de la mujer, decidió satisfacerla al instante, y una vez estuvo desnuda Paloma dio varias vueltas a su alrededor, observando a la muchacha con gula.
-Tienes un cuerpo prometedor – le propinó una nalgada -... Me gusta tu culo – y señalándole al chico - ¿Sabes como excitar a un hombre? como veras su cosita esta un poco flácida.
La chica se sonrojó terriblemente y clavó la mirada en sus diminutos y blancos pies. Se había quedado parada, congelada en el sitio, una estatua sonrosada... Paloma la miró impaciente, en cualquier momento parecería que se iba a abalanzar sobre la muchacha, pero, finalmente se calmó y tomó asiento. Abrió el enorme libro que llevaba consigo.
-¿Así que no piensas hacer nada? – dijo, Paloma, relamiéndose, la vista fija en las paginas que pasaba,
-No – susurró, inmóvil la muchacha.
Bueno, al menos mira al chico ¿No te parece guapo y rico el muchacho que elegí para ti?
La chica no pudo evitar echar una rápida ojeada, que hizo que se pusiera aún más roja... Que se sintiera aún más incomoda y nerviosa.
-Sí.
-¿No crees que esta para comérselo? - se relamió, Paloma, pasando sensualmente la lengua por sus anchos y jugoso labios – Dime.
La chica tartamudeaba, pero pudo componer un más o menos audible.
-Sí.
Paloma se detuvo en una pagina.
-Acércate y dime como andan sus nalgas ¿Están gorditas según tu opinión?
Arrastrando los pies, mirando, con temor a poder enfadarla aún más si también a eso se negaba, echo un vistazo lo más cercano que se atrevió y asintió.
-Sí... Lo están.
-Bien - Paloma se puso a leer lo que ponía en la pagina -... Nalgas a la naranja: cortar las nalgas con un cuchillo fino, y lavarlas en agua con sal y perejil, bañarlas con zumo de naranja sobre una fuente y después, adornadas con una naranja partida, metérlas al horno... ¿Qué te parece la receta, crees que sabrán ricas esas nalgas cocinadas de este modo?
A la chica la rugieron las tripas, pese a lo horrendo de lo que aquello suponía... y se sintió extraña, por abrírsela el apetito con aquello.
-Sí.
Paloma indicó al chico que se colocase con las nalgas en pompa y a la chica le entrego una fusta.
-Quiero que le golpees las nalgas para enternecerlas antes de que el cocinero las prepare.
La chica asintió, era mejor satisfacerla.
Tras un rato, tras el cual las nalgas del muchacho acabaron dejando más rojas que la tez de la incomoda muchacha, Paloma indico al chico que se levantase y le dijo a la chica:
-Ahora pálpale las costillas ¿Están bien cubiertas de carne y grasa? – era evidente que aquello divertía a Paloma.
Con manos temblorosas, la chica palmeo los costados del muchacho y con nerviosa rapidez dijo:
-Sí, lo están.
-Bien - Paloma escogió otra página y se puso a leer. Sonriendo por la tortura que sabía que estaba inflingiendo a la inocente muchacha -, costillas con miel: con un hacha de cocina separar las costillas, asegurándose de que no se separe la carne y la osamenta. Disponerlas en una cazuela llena de miel, y dejar al fuego durante unos minutos, para que la miel quede bien impregnada, antes de llevarlas a la barbacoa para darles el punto final ¿Qué te pareció esta receta?
Esta vez el rugido de sus tripas fue evidente, y la Paloma estuvo a punto de estallar en carcajadas de regocijo.
-Mejor... Mejor que la anterior.
-Mmmmmm... a mi también me abrió el apetito – dijo mirándolos a ambos -... Ahora veamos sus genitales, me apetecen de postre ¿Cómo los ves tu? – Paloma cerró el libro de cocina, se levantó y se puso al lado de la muchacha – Dime: ¿su polla tiene buen tamaño? ¿Te hace la boca agua?
La chica trago saliva y asintió afirmativamente.
Pero, Paloma quería divertirse aún más con la asustada muchachita.
- Ahora, arrodíllate delante de él y tómala con tu mano ¿Se siente pesada y jugosa ¿Se ve buena carne? Dime: ¿Cómo la ves?
-Pesada – dijo la chica.
-Ahora quiero que te metas su glande (la punta, lo que tiene forma de nuez rosada) en la boca, y me digas a que sabe y si su carne se siente tierna al diente – Paloma la observó con una sonrisa de diversión mientras la temblorosa e insegura muchacha la obedecía - ¿Y bien? ¿Te gusta como sabe?
La chica que apenas había acariciado el glande asintió completamente sonrojada.
-¿Y de ternura? ¿Lo sientes bien blando y jugoso al diente? – insistió, disfrutándolo, Paloma.
La chica asintió tragando saliva, incomoda, nerviosa, cada vez más turbada por lo que la estaban obligando a hacer.
-Bien, ya termino yo de darle un buen tamaño y de envinarlo – se refería a inyectarle grandes cantidades de vino, a fin de, mantenerle duro e hinchado, incluso ya una vez lo cortaran para prepararlo como si de una salchicha se tratara -... mientras mis criadas te acompañaran a tu habitación, ahí te espera una buena tarta de chocolate y otros alimentos hipercaloricos solo para ti. Mañana pasare a revisarte.
Una vez a solas con el muchacho en aquel jardín, Paloma no tuvo problemas en arrodillarse ella también frente al joven.
-No sabes cuanto lo siento, querido, de veras que quería que os divirtierais... Teniendo en cuenta lo poco que a ti te queda en este mundo – con tres rápidas y firmes lametadas fustigó el glande, y se divirtió viendo como el pene completo botaba suavemente un par de veces más -... Aunque voy a recompensarte por ello – los labios de Paloma eran suaves y carnosos, ensanchados y respingones por la forma de la boca, pocos hombres podían negarse a alajor su masculinidad entre ellos, y ella disfrutaba con ello -... Bueno, así esta mucho, realmente una presentación de plato excelente – dijo acunando sobre la palma de su mano el pene erecto y congestionado hasta limites que ella consideraba apetitosos.
Cuando la primera inyección de vino se clavó en la base del glande, el chico grito por primera vez en toda la tarde... Paloma hizo que gritara aun más hundiendo los dientes en el hinchado y sonrosado pedazo de carne.
-Mmmmm... Delicioso, pero aún le falta un poco más para excelente – y hundió la siguiente aguja llena de vino en la zona del frenillo.
La chica, que lo escuchó todo desde la habitación, escondió la cabeza bajo la almohada para enmudecer los alaridos del muchacho... Intensificados por cada inyección y mordisco, de cata, que le era propinado.
Al día siguiente, Paloma se presentó en la habitación de la chica.
-Desúdate para que te vea – la ordenó.
La muchacha, aún mas aterrada que el día anterior, obedeció sin rechistar.
Paloma le indicó que se sentara en la cama, y luego ella se sentó a su lado, mirándola de lado, sonriente y satisfecha. Le dijo.
-Se te ve muy linda y apetitosa hoy, pero veamos como andas de carnes. Veamos tus brazos – a primera vista parecían puros palillos, y una vez los hubo tomado y palpado, Paloma constató que la vista no la engañaba - ¡Uy, pero que flacuchos están!
Temerosa de lo que pudiera ocurrir por su falta de masa corporal en sus extremidades superiores, la chica tartamudeó un:
-Lo sé.
...
Paloma se dejó caer sobre el sillón, y soltó una pedorreta que hizo temblar sus jugosos labios.
-Dejadlo, no se ni siquiera si podríamos emitir eso en algún canal, chicos . dijo.
-La película ya esta grabada, Paloma – anunció su técnico.
Ella se encogió de hombros.
-Bueno, dejémosla entonces en reserva.
-Lo que tu digas jefa – respondió el técnico no muy convencido.
La noche anterior un ruido había despertado a Paloma en plena noche...
... Completamente desnuda bajó las escaleras, y temiendo a la misma duda se asomó a una rendija de la puerta entreabierta...
... Lo que vieron sus ojos la dejo helada.
-Esta bien – dijo Paloma, la barbilla apoyada en los nudillos, pasando varias grabaciones a cámara super rápida -... ¿Qué tal si volvemos a la yo alucinada?
El técnico y el cámara la miraron un rato, antes de obedecer la orden.
Frunciendo los hermosos labios, entrecerrando sus exóticos ojos, dejando caer los párpados, Paloma se puso a ver lo grabado.
...
Con beatifica sonrisa complacida, vestida de miles de miembros hambrientos por tocarla, el cuerpo a Paloma ya no al pertenecía... Se dejo arrastrar por los fieles en medio de aquella sedienta luminosidad dorada.
...
-¿Y eso es todo? – preguntó Paloma cuando la grabación terminó.
Sus dos empleados tuvieron que asentir.
-Y yo dejándome los cuernos, por no decir el cuerpo, para solo diez minutos de beatifico despelote.
...
Paloma, bella exótica, deliciosa y voraz... Mariposa multicolor, como no iba Lucas a quedar prendado de ella.
Aunque ella siempre le encontró meramente gracioso, y tanto a uno como a otro se nos escapó ente los dedos cada vez que pensábamos que la teníamos cerca. Nunca fue una de nosotros, pero siempre se movió por las merindades de lo que Lucas había convertido en su movimiento.

Adriana estaba completamente inconsciente, su voluptuosa desnudez inerte sobre la fría mesa de autopsias... Los dos ogros trepanados e idiotas, que trajera arrastrándolos con correas la enfermera enmascarada, descargaban su esperma de forma maquinal sobre el cuerpo inerte de la joven... Especialmente por los turgentes pechos.
-Pronto estará preparada para la siguiente fase – anunció el encorvado doctor, echándose mano a la entrepierna, a sus tres enfermeras.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Las Mil y Una Poluciones de una noche de verano sobre un banco


La menuda muchacha de rasgos que recordaban a los de la península Indostaní, escuchaba abrazada a Lucas la obscena historias que este la narraba, prácticamente inventándosela de carrerilla... Esta capacidad de improvisar era una de las múltiples habilidades de mi amigo.
El blando cuerpo de la morena, que hasta instantes antes había estado llorando, se amoldaba perfectamente al hueco entre el brazo y el costado derecho de Lucas. Ambos sentados en un banco, en plana vía publica, rodeados de gente que no paraba de pasar... pero, como ya se vera, ajenos a todo observador.
-Cuénteme una de las historias que escribes – le había pedido nada más dejar de llorar, mientras se acomodaba en aquel punto de su cuerpo, como una gatita necesitada de afecto, dejándose cubrir por el brazo de Lucas.
-Una historia – Lucas se dejo inspirar por aquel cuerpo curvilíneo y suave -... Te contare la de la chica que llamo a mi puerta.
-Soy toda oídos – dijo ella, sonriente.

“Caminando por las calles, aun con el semen de su hermanito en la garganta. La llamaron para trabajar en una pastelería, la dueña daba miedo pero pagaba bien”...
La puerta fue repiqueteada por dedillos delicados.
Una chica había llamado a su puerta: sonriente, pequeñita de tamaño, y delgadita; el escritor abandonó su trabajo, y abrió la puerta... la miro.
-Pasa y no tengas miedo ¿Tienes hambre? – la preguntó.
Ella asintió, y él fue a la cocina, trajo algo de picar y dos copas de buen vino.
Antes de atenderla, escribió algo en el ordenador.

“La chica come bien.
Bonita sonrisa, pero muy delgada,
la engordare...
Se va,
no, no la dejare...
Grita,
no, no lo hagas, te estropearas
y te quiero tierna y jugosa.
Come, come, tienes que engordar,
pronto será mi cumpleaños
y contigo lo quiero celebrar.

Mmmmm... qué gorda estas,
ven conmigo a la cocina...
Qué piel tan suave,
qué trasero mas digno de degustar.
Mmmmmmmm...
Chapotea en la marmita,
un guiso de chica colosal,
que pechitos tan jugosos,
mmmm, un bocadito mas...
mejillas dulces,
creo que cruda es como mejor estarás.
A la mesa.
Su trasero en lonchas, mmmm...
Qué banquete esa chica,
pronto vendrán la otra...

Caminando por las calles viene,
aun con el semen de su hermanito en la garganta.
Me llamaron para entrevistarme,
la elegí a ella.
Nada mas llegar la miro con detalle.
Sonríe.
Es monísima.
La invito a sentarse.”

Atendió entonces a su invitada, comenzarían la entrevista.
Pregunta: ¿Por qué tanto interés en que te entrevistara yo?
Respuesta: (señalando con el dedo la pantalla, con una sonrisa malvada) Apareciste en mis sueños.
Pregunta: ¿Cueles son esos sueños?
Respuesta: Vivir y escribir.
Pregunta: Eso suena frívolo.
Respuesta: Soy frívolo.
Él le indicó que se acercase, que leyera en la pantalla.
Pregunta: (visiblemente turbada) ¿Qué te impulso a escribir eso?
Respuesta: (Respondiéndola con otra pregunta) ¿No te seduce a ti lo oscuro y perverso de las personas?
Se acercó para olerla... se pasó la lengua por los labios satisfecho por el aroma de aquella hembra.
Pregunta: (más turbada) Soy yo la que hace las preguntas.
Respuesta: Ok.
Pregunta: (intentando recomponerse) Canibalismo y sexo ¿Cómo pega eso?
Respuesta: Sexo y canibalismo, es una cuestión de limites, quizá soy una persona de limites... no, no te creas todo lo que digo... aunque... si queremos llegar al limite no hay que detenerse ante nada, la máxima expresión, la que mas al limite se encuentra, del sexo es el canibalismo.
Se acercó aún mas, su piel blanca parecía suave.
Pregunta: (Más turbada aún, casi alcanzando la excitación) Esto...
Respuesta: ¿Te asusté?
Pregunta: (Miente) No, no, que va
Respuesta: (Observador) Te sonrojaste.
Pregunta: (más turbada y sonrojada) Perdón.
Respuesta: ¿Tienes calor?
Pregunta: Sí, la verdad (pidiendo con los ojos una excusa para ocultar su más turbación) ¿Puedo?
Respuesta: (sin separar los ojos de ella) Por mi no te preocupes.
Como poseída por un hechizo, la chica, en lugar de correr a ocultarse, se queda con tan solo una blusa blanca, vislumbrándose, transparentándose, sus pechos jugosos bajo ella.
Pregunta: ¿Cómo te inspiras?
Respuesta: Chicas guapas y bellas, que me digan algo... como tu.
Se volvió a sonrojar, volviéndose mas apetecible.
Pregunta: (más turbada que nunca) Perdón, no se porque tengo tanto calor.
Respuesta: Siento no tener aire acondicionado.
Pregunta: (ella sonríe, indicando que no tiene importancia) ¿Y después de eso, qué prepararas?
Respuesta: La cena.
Pregunta: (ella ríe nerviosa, más turbada y excitada) Me refiero en el campo literario.
Respuesta: Ni idea, todo surge de bocas de bonitos labios... como la tuya.
Se sonrojó aun más, él se acerco hasta centímetros de ella.
Pregunta: Me comerás ahora, como escribes en el texto ¿No es eso lo que deseas? ¿No soy acaso yo las dos chicas sobre las que escribes?
Respuesta: (Asiente) Muy lista, sigue preguntándome.
Ella esta a puno de proseguir, pero él le muerde, por encima de la tela, uno de los enhiestos pezones.
Pregunta: (más turbada al limite, llega alorgasmo) Aaaaaaaahhhhh, ¿Por... Por qué ese deseo?
Respuesta: Mon ami, me considero un liberador, el ariete que rompe las murallas de la represión sexual, el filo cortante que deshace las correas con las que reprimían el sexo... porque, y que no te engañen mi lechoncito... la represión en el sexo sigue existiendo.

La chica interrumpió la narración de Lucas, su mano se encontraba ya dentro de la bragueta de mi amigo, al cual, como a ella, la historia había excitado cuerpo y mente.
-¿Por qué tienes la polla tan grande? – le preguntó traviesa.
-Para follar mejor – respondió Lucas, con los ojos entreabiertos porque la morena ya le estaba masturbando.
-¿Y los ojos tan brillantes? – siguió preguntando.
-Para mejor ver el cuerpo de las mujercitas – respondió Lucas, mientras la atraía aún contra su cuerpo, para ocultar lo que estaba ocurriendo y, sobre todo, porque quería sentirla bien adentro.
-¿Y la nariz tan traviesa? Me haces cosquillas – reía divertida, pues Lucas había hundido su cara entre el cabello y el cuello de la muchacha.
-Para saber si estas en tu punto, y – robó un beso de aquella boca -... Mmmmmm... lo estas.
-¿Y esta boca tan rugiente? – le pregunto aumentando el ritmo de sus caricias sobre el miembro de Lucas.
-Para comerte mejor.
Lucas iba a tumbarla sobre aquel banco, y hacerla suya, sin importarle los transeúntes que pasaban, pero ella le indicó que se detuviera.
-Primero, deja que te coma yo... ¿Puedo? – ella estaba cada vez más excitada, y, sonriendo traviesa, sin esperar el permiso, fue bajando, dando pequeños besos por su torso (el cual descubrió bajo al camiseta con la mano que la quedaba libre) hasta llegar a su miembro, el cual lamió -... Mmmm... ¿Así es como te lo imaginas al contar tus historias? – le dijo, sin apartar su mirada de los ojos de Lucas, los cuales traicionaba excitación - ¿Quieres que lo vuelva hacer, para comparar? – dijo. mientras volvía a lamerlo, arrancando un gemido a Lucas... La gente que pasaba sin querer pararse a mirar por puro temor a escandalizarse, no les podía importar menos. Ella, al fin, engullo el grueso miembro, y al sacárselo exclamó -... Mi boca si que es para comerte mejor ¿Verdad?
Como toda respuesta un ronroneo, casi un gruñido, y los dedos de Lucas enredándose entre los cabellos de ella, incitándola a continuar rodeando con sus suaves y dulces labios el tronco de su polla.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

Applesad


Con 17 o 18 años, Lucas escribió un relato llamado “Mi Profesora de Matemáticas”...

Esta ahí sentada, frente a mi, la miro de vez en cuando.
-¿Lo entiendes Simón? – me dice, y me muestra el problema de matemáticas.
-Si claro... – qué asado mas delicioso me haría contigo, o quizás me haría una sopita; pienso y asiento.
La miro los dedos, pequeños y rechonchitos, deseo cogerla la mano y comérmelos uno a uno. Deseo tumbarla sobre la mesa y follarmela antes de devorarla.
Toco su mano, ¡qué piel mas suave!
Qué deliciosa va a estar, juro que cataré esta pieza; pienso
Observo lo carnoso de su labio superior, ¡Uhmmmm, qué manjar mas delicioso!.
La miro y pienso en innumerables formas de cocinar a esta Gretel / Caperucita Roja.
Se tiene que marchar. Mientras bajamos las escaleras, desde mi habitación en la segunda planta, observo su culito apretado que pide a gritos un mordisco.
Hoy llego tarde a clase, y Soraya se ofrece a llevarme a donde sea en su coche. En aquel Citroen la atacare y disfrutare de su boca, sus deditos, sus senos, su piel, su cuello, su culo,....
Pero la sorpresa me la llevo yo.
El coche se detiene en un descampado.
-Sácate la polla – me ordena
Se quita el cinturón de seguridad, se agacha hasta la altura de mi miembro erecto. Me mira y sonríe. Comienza con dulces lametadas mientras lleva el ritmo con la mano derecha. No tardo en pasar de gourmet a merienda, mi pene aparece y desaparece dentro de su boca.
Pronto eyaculo. Ella se reincorpora y me besa. Me pregunto cómo sabia de mis intenciones, mientras, ella arranca el coche y retoma la marcha.


Años después escribió el Efímero en tres escenas “Saco de huesos”... En cuya tercera aparecía una chica que sobresalía entre las tras que actuaban en la obra, esa chica era Apple.

(Primera Escena)
Simón: (Al publico) A veces, cuando pescas un saco de huesos, acabas con dos... Es la suerte de todo cazador.
Barbara, el segundo saco de huesos en cuestión, tenía ahora la boca llena.
Simón: Chúpala como si fuera lo último que vas a hacer en la vida
lo más probable, para ella. es que eso fuera cierto
Simón: (Autocensurándose mientras la palpa) ... Huesos, solo huesos.
Con rostro confundido, Bárbara se sacó el miembro de la boca.
Bárbara: ¿Chupar? ¿Él qué? No paras de hablar de huesos ¿Chupas huesos? Yo prefiero la carne... No sé.
Simón: Pues... ¿¡Qué va a ser!? (se señala su miembro erecto, mientras se promete ligarse a una chica con algo de seso la próxima vez... Con algo de carne y de seso, mejor aún)... la polla, el pene, la verga, el cimbrel, el badajo, el siamés calvo y tuerto, el bastón de mando... Puedo seguir así horas ¿Sabes? Y tu solo tienes que chupar la que tienes delante ¿Es tan difícil?
Ella le mira entrecerrando los ojos.
Bárbara: Ya entendí, no soy imbécil
Y tras decir eso, reanuda la tarea, pero, con menor ímpetu, pues, esta. enfadada.
Él suspira,
Simón: (Al publico) Parecía realmente lista cuando la conocí en aquella fiesta... Ella abrió la puerta, y me sonrió. Yo me fijé en su escote y en que tenía la boca ancha, perfecta para tragar y tragar... ¿Qué podía fallar? (Pausa y nuevo suspiro)... Pues, podía fallar el que, fuera de todo lo anteriormente descrito, Bárbara tiene la cabeza hueca, no es que la hubiera invitado a casa para charlar, pero, al menos, agradezco no tener que estar recordándola constantemente lo que esta haciendo... Suerte tengo de que lleva días sin pegarme ningún mordisco en el nabo después de que él sabor marinero del miembro le recordara a los bocadillos de calamares de El Brillante... De veras que eso es un alivio.
Cansado y seguro de que ya no iba a correrse, indicó a Bárbara que se levantara.
Simón: Anda y ve a llevarle su comida a la otra – Ya a solas, de nuevo hacia el publico, se queja de su suerte)... Menudo ojo he tenido con esas dos ((mirando hacia el lado por el que se ha marchado Bárbara). No me queda más remedio que matar a Bárbara esta misma noche, y cocerla en su propia salsa, si algo quiero cenar (sacándose un cuchillo de la chaqueta, camina hacia el lado por donde marcho Bárbara... Decidido a degollarla, y luego arrastrar el cadáver a la cocina) ¿Esta chica tan delgada sudara? Bueno, no pierdo nada por intentarlo... y sino todavía me queda la otra.



(Segunda Escena)
Simón: (Ríe divertido, repiqueteando con su largo índice en las costillas de la chica pez, la primera a la que se había traído a la casa) Cuando estés más gordita, te comeré asada (dejando a la muchacha, dirigiéndose al publico) Llevo ya tres días cebando a este saco de huesos, su delgadez extrema es causa de las mortificaciones a las que su credo marino, y la llegada de la moda anoréxica a los océanos, la han empujado, y cada vez que alcanzo a palparla (la agarra por la cadera, mientras, la chica pez hace intento de escapar, así agarrada, reboza la entrepierna contra las escasas nalgas), la encuentro, aún, más delgada (Se abre la bragueta y libera le miembro, al tiempo que la voltea e incrusta su miembro entre aquellos labios de carpa)... No importaba, por ahora me conformó con fragmentar su alma, aunque, ya empiezan a faltarme nuevos agujeros u orificios que profanar en esta apetitosa y joven pescadilla.
Tira del pelo de la chica y se incrusta hasta la garganta, mientras con la otra mano la da dos nalgadas que señalan el apagado de la iluminación.


(Tercera Escena)
Simón: (Simón completamente desnudo, tiene acorralada contra la pared a una chica de cabello corto que, vestida solo con una largo jersey de cuello alto, sostiene entre sus anchos y jugosos labios una manzana... Simón sonríe y retrocediendo un poco, pero solo lo suficiente para mantener su brazo extendido con la mano apoyada contra la pared a la izquierda de la cabeza de la chica, desciendo la mano siniestra a la altura de su pene... En todo momento sus ojos violetas permanecen fijos en ella Comienza con suaves caricias desde la base hasta el prepucio, y luego estirando suavemente hacia abajo, dejando al aire su hinchada y rosada nuez de carne... Repite la acción aumentando gradualmente la intensidad y el ritmo de las caricias, arqueando cada vez más las caderas hacia ella, y asomándose por la uretra la primera gota perla pálido del préseminal) Agáchate y pruébala con tu lengua, cielo (la quita la manzana mordaza de la boca, con un movimiento delicado, la sonrisa difuminada por el deseo y el fuego de la pasión), y dime a que te sabe.
Ella sonríe le arrebata con suavidad la manzana y recoge sobre la piel del fruto la lagrima del miembro viril, después muerde la manzana por el lado donde esta la gota de liquido preseminal... Simón cae de rodillas, derrotado, como si su piel solo fuera un saca para sus huesos.
Ella: (Al sonreír sus labios se hacen aún más gruesos y perturbadores) Podría tropezarme y comerte la polla. Podría beber del pitorro hasta embriagarme y poner bien gordo este dedito (Con un gesto el cae mirando al techo, y ella, colocándose a cuatro aptas, da tres chupetones al glande para demostrar su teoría) . Podría, después, solicitarte que me enseñaras ese dedito y yo devorarlo sin ningún delito (ella se lo hunde hasta la garganta y mueve la cabeza simulando que se lo traga)... Podría ser yo la que te devorara, girando la rueda que me ponía, minutos antes, como ensartada.
Con un movimiento salvaje y rápido, se lo traga y simón suelta en ese momento un lamento mezcal de éxtasis y dolor.


Apple tenía 23 años, dos años más que nosotros, cuando la conocimos, y Lucas enseguida se enamoro de sus labios y de sus ojos, además de su estrambótico estilo en el vestir... Sí Lucas fue uno de los principales cerebros y el modelo masculino de lo que vendría, Apple era sin duda su contrapartida femenina en aquel nuevo movimiento que se gestaba. Ambos Sagitario, eran puro fuego de una imaginación y una personalidad desbordantes. El que Apple fuera poco más de siete centímetros más bajita que él no hacía más que aumentar la fascinación que Apple le provocaba.
Lucas: ¿Qué te gustaría si te propusiera una cita?
Apple: Qué hubiera sobre todo muchas risas.... jajajajajajajaja...
Fueron mañanas, tardes y noches de reuniones delante de cafés, cervezas, infusiones o lo que se dejara beber... sin desestimar sus propios jugos sexuales (aunque quizá me este adelantando un poco), siempre con uno o dos ceniceros a rebosar por las colillas de los tres. Yo como siempre, un mero observador.
Yo: ¿Cómo te definirías para nuestro lector?
Apple: Pues supongo que soy bastante extrovertida, me gusta el arte, me dedico a cantar y soy un culo de mal asiento.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

sábado, 24 de marzo de 2012

La discípula


La pareja salía del cine, acababan de ver “Caperucita Tenía una cita”...
Él la miró y la susurró algo al oído, se detuvieron, se quedaron rene a frente... él era quien hablaba, ella, que hasta el instante lo miraba con interés y fascinación, asentía algo dubitativa...

Una hora después...
-No se si... – dijo ella, dudando si continuar, nerviosa porque no esperaba eso... o quizá sí.
-Calla y relájate, te vendrá bien – dijo él, llevándose el índice de ella a la boca y chupándolo...
Él cubrió con sus cuerpo el de ella, sintiendo como se le aplastaban contra el torso los voluptuosos pechos de ella.
-¡No! – dijo ella, poniendo sus manos entre los dos, pero sin un verdadero deseo de repelerle. Quizá esperando que él se apartara -... No sé si es lo correcto.
-Créeme, lo es – dijo él, pasándole la lengua por la piel del cuello... Su sabor era el de un caramelo de anís.
Aún permanecían vestidos, y él, encendido más que ella, rebozaba su cuerpo contra él de ella... Haciéndole sentir en un punto cuan excitado le tenía.
Él mismo punto sobre el que ella había recostado al cabeza diez minutos antes, y al notarlo tan excitado la arranco una sonrisa.
-Vaya, ¿esto es por mi? – había preguntado, de forma desvergonzada.
Ahora, ella, se daba cuenta de que una cosa es jugar a coquetear, y otra muy diferente cuando das un paso más allá... Se sentía perdida y confusa, no quería detenerle, pero, por otra parte no sabía si hacían lo correcto...
Las manos de él la desabrochaban lentamente los botones de la blusa, sin dejar de mirarla... ¿Esperaba que lo detuviera?
La boca de él se prendía hambrienta del lóbulo, la mejilla, el cuello, los hombros, la clavícula, los pechos sobre el sujetador, mientras la desabrochaba los vaqueros y se los bajaba...
Ella estaba inmóvil, pero su respiración era agitada...
Con los pantalones y las bragas en los tobillos, la blusa abierta mostrando aquellos pechos redondos y turgentes que apenas cubría el sujetador, ella, la espalda clavada al colchón y la mirada nerviosa que iba de él al techo, se dispuso a ser abordada allí donde estaba más húmeda...
-Mmmmm... Que bien hueles, pequeña Gretel.
Él abrió su boca, casi abarcando la longitud del sexo de ella, y absorbiendo su clítoris mientras no cesaba de torturarla con la lengua, ahora tan centrada en los pliegues de sus labios como en enrollar el sabroso pedazo de carne elástico en la lengua para devorarlo a su gusto, llegando incluso a frotárselo contra los caninos... Tras un rato así, decidió escribirla con la lengua un mensaje letra a letra T-E-A-M-O-N-I-Ñ-A...
Aumentó la intensidad de sus chupadas y lamidas, y deslizo sus manos desde las nalgas, subiendo por los costados hasta sus abundantes senos... ahí, mientras intensificaba la labor en la fuente de su deseo, abrió el sujetador, y, colando sus manos bajo la tela, atrapo entre sus índices y pulgares los pezones y comenzó a pellizcárselos hasta que se pusieron rojitos y duros como deliciosas moras... Ascendió con la lengua desde su sexo, pasando por su vientre se metió una de esas silvestres frutillas entre los labios, la mamó y mordisqueó como un recién nacido, y excitó la aureola dibujando círculos con la lengua... una mano masajeaba el otro pecho, impidiendo que el pezón se relajase, mientras la otra se sumergía en su sexo ya con dos dedos en el interior de la muchacha.
-Menuda merienda se esta dando el brujito con estas tetitas – la decía él, jadeante, cada vez más encendido.
Ella deslizo su mano entre los dos cuerpos y alcanzo la entrepierna al rojo vivo de él, con dedos expertos bajó la cremallera y pugno con la tela del calzoncillo para poder extraer el sexo y comenzar a acariciarlo... Eso hizo que él perdiera aún más la razón.
Finalmente, el demonio predominó, y sus incisivos se hundieron en la jugosa carne del pecho, al tiempo que rodeaba con su mano aquella con la que ella empuñaba su miembro. Él ronroneó y gruñó, ansioso de penetrarla también con su miembro igual que la penetraba con sus dientes...
Ella ya estaba fuera de sí, y se lo confesó.
-Dios, cuando me lo propusiste no esperaba que esta fuera tan... genial – exclamó ella en medio de un suspiro / gemido de placer.
Él llevaba casi una década esperando aquel momento, esperando a que ella creciera... Que se convirtiera en la mujer voluptuosa y deseable que ahora tenía entre sus garras... No iba a desaprovechar aquel momento, quería saborearlo tal y como había merecido aquella espera...

Hace unas horas, antes de que se reunieran a las puertas del cine y vieran la película, ella sonreía mientras caminaba por las calles llenas de personas, muchas personas ¡Todo era tan grande! Buscó una tiendas que tuviera dulces. Muchos dulces, todos los que ella quisiera comer. Se compró de diferente sabores. Su discípula le desea un hermoso día, maestro; Pensó en él, y se rió feliz.

De nuevo, ahora... Ella se vio torpe, en comparación con la destreza que él demostraba con los dedos, pajeándole mientras él se afanaba en devorarla con sus labios y su lengua. Solo la quedaba algo con lo que igualar las cosas, y aún no estaba muy segura de querer que él estuviera dentro de ella...
-Túmbate – le gimió -... Ahora quiero hacer yo de brujita hambrienta,
Él sonrió, y ambos giraron sobre la cama, cambiando de posición... Una vez ella ya encima, se quedo mirando aquel cacho de carne que empuñaba... Se paso la lengua por los labios, mientras le miraba a él. El pene dio un respingo y se endureció aún más por ese gesto, ella sonrió: él ya la había confesado el efecto que sus ojos le provocaban. Quizá no iba a ser la primera vez que lo hacia, pero una cosa era cierta... Se sentía más nerviosa que nunca ante lo que ambos ya esperaban...
... Se inclino y paso su lengua tímidamente por la hinchada cabeza, aquello, sin la protección del prepucio, recordaba a una enorme nuez... o quizá a una fresón... Pensar en comida la ayudaba, se descubrió salivando. .
-¡Uy, Hansel, bribón! Pero que dedito más gordo me has estado escondiendo – sonrió traviesa, mientras se inclinaba y ladeaba un poco la cabeza para recorrer con una lenta lametada el ancho tronco del miembro -... Voy a tener que probar si esta tan rico como se ve – y dicho esto, se lo metió en la boca y cerró con fuerza los labios alrededor de pedazo de carne latiente...

Pasó casi una semana sin que él supiera anda de ella, pues nada más compartieron el orgasmo... Ella le insto a que le acompañara a la puerta, y cuando se despidieron ella parecía perdida, asustada... ¿Arrepentida?
Sí, arrepentida... No había otra explicación: él la había cagado y ella estaba arrepentida por haberle dejado que él provocara lo que había ocurrido aquella tarde.
¿Acaso solo él era culpable?
Finalmente la llamó...
-Tenemos que hablar, niña – la dijo.
-¿De qué? – respondió ella evitando el tema.
-Ya lo sabes – fue su respuesta.
Un instante de silencio, y por fin ella dijo.
-Quedamos en donde siempre dentro de un cuarto de hora ¿Te parece?
Él cogió su cazadora y salió de la casa a toda mecha... Llegando con cinco minutos de adelanto al lugar de la cita.
Pasaron diez minutos, él paseaba de un lado a otro de la calle, impaciente... aterrado ante la posibilidad de que ella no se presentara.
Y no se presentó... Pasada ya una hora de la fijada, él se dio cuenta del plantón y regresó a su casa...

Eran las 6 de la tarde, él se revolvió inquieto por la casa, como un felino nervioso... Quizá una bestia hambrienta, para él no había diferencia... Necesitaba apagar aquel fuego, y sacó su móvil consciente de quien era la mejor opción para hacerlo...

Una hora más tarde, se encontraba ya con compañía: una amiga que, en sus propias palabras, guardaba en la despensa desde que la conociera... Aquel día, horas después del plantón, había decidido tirar de ella, a fin de descontrolar su naturaleza y apagar su frustración y sentimiento de culpa.
Así que, frente a frente en aquel parque al que habían acudido, ahí la tenía: la tez morena, las carnes rollizas, el rostro mofletudo y la boca grande de labios carnosos. Su miembro iba a reventar los vaqueros, y la boca le salivaba... Pero no podía abalanzarse sobre ella de golpe, como un animal hambriento (aunque en realidad eso es lo que era ¿No? Como se había comportado con su discípula, con aquella chica que había confiado en él para que la guiara... No, fuera, la culpa no era buena consejera), por muy apetecible que fuera el bocado debía jugar sus cartas. Su olfato aún podía degustar el pastel de chocolate que ella había comido, durante una parada en un restaurante, antes de que llegaran a aquel parque... él apenas había probado bocado y había insistido en pagar. La boca se le hacia agua al sentir la mezcla de las dos esencias, la del pastel y la del cuerpo regordete de aquella muchacha...
-¿Te importa que nos sentemos? – la indicó.
-Claro – respondió ella.
Se sentaron en uno de los bancos de piedra que se repartían por todo el parque... él se colocó lo suficientemente cerca para sus planes, pero no tan próximo como para incomodarla... Era un depredador, y ella una gacela gordita y lista para la cosecha. Ya era hora de tomar aquella frutilla jugosa...
... Tanto tiempo reservándola, al fin iba a darla una utilidad.
Ella no paraba de hablar, mientras él, que simulaba escuchar una pedorata a la que nunca encontraba sentido, ya tenía una de sus manos sobre el ancho muslo de su presa: con aquel jamón podía alimentarse toda una familia...
Mientras ella no paraba de quejarse de la mal que le iba la vida y de buscar el drama donde nadie lo vería, él solo podía pensar en como seria que usara esa boca para algo más útil... En lo sabrosas que estarían esas mejillas aderezadas con su semen, o en las cantidades ingentes de carne que podría sacar de aquel cuerpo en caso de hambruna.
-¿Y tú qué opinas? – preguntó, finalmente ella.
-Que solo sirves para que te follen o para comerte – contestó él, sin dejar de hundir sus ojos en aquella carne tanto tiempo anhelada y prometida.
Pero, no... No era ese el camino acertado...

Había caído la noche, él esperó en una esquina de la calle a que ella se quedara sola en casa... y en cuanto vio a sus padres salir de la casa, se encaminó hacía el inmueble para a porrear la puerta...
Ella abrió asustada, y él no la dio tiempo para presentar oposición ni reacción... Acorralándola contra la pared, comenzó a desnudarla... para enseguida tomarla...
... MIA.
Sin soltar sus caderas, la levantó y descendió con rapidez pero sin crudeza, haciendo que mientras la penetraba ella sintiera al miembro recorrerla por completo las paredes vaginales al tiempo que friccionaba su tronco contra el clítoris, al principio lentamente para, paulatinamente, aumentar el ritmo de la cabalgada, en la que él era el potrillo y ella su tentadora amazona, mientras cada ascenso y descenso culminaba en que se hundiera aún más en ella, prácticamente empalándola.
-¿Te gusta así, niña?
Sin voz, ni fuerzas, ella asintió... tenía el cuerpo marcado por la bestia (él no se había podido resistir a follarla, también, con la boca y las manos), marcas que ella aceptaba con adoración... sin temor a acabar siendo la cena...
A escasos metros de allí, en la cocina, el horno estaba puesto a 300º... una temperatura perfecta para un asado.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

El Galán, la Seductora, y el Eros en el Art Bouffon


El Galán y la Seductora son personajes de lengua rápida e incisiva, inteligentes y mordaces, no se atan a morales ni a reglas de comportamiento. Él o ella pueden variar de lo inocentemente morboso a la mayor depravación libertina, pero siempre saben como salir ganando al final del acto.
En el amor son símbolo del Amour Bouffon, una pasión irracional y surrealista, más allá de la lógica, las reglas, las normas, o incluso la realidad.
El Eros se confunde con el Thanatos, por lo que no es raro que él Galán o la Seductora, acaben asesinando o devorando al objeto de su pasión... Esa es también una forma de demostrarla / le, adorar el objeto hasta terminar A dorándolo y comiéndoselo, la pasión y el deseo que les despierta.
No nos extrañara pues que tanto el Galán como la Seductora, en el Art Bouffon, se rijan por la violencia del acto y lo salvaje del instinto.
El Galán es más un Príncipe Negro o el Lobo feroz que el insulso Príncipe Azul de la moral judeocristiana, al tiempo que la Seductora se parece más a la Bruja Malvada que a las insípidas princesas esperando su rescate.
Común es encontrar, tanto al Galán como a la Seductora, inmersos en juegos de roles, fijos o intercambiables, con los que dan un toque diverso y divertido a sus relaciones con el objeto de deseo.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

miércoles, 21 de marzo de 2012

La Baba del caracol

El orgasmo de un caracol dura 120 minutos... Eso son más o menos dos horas...
Señoras, sigan usando baba de caracol o pídansela a sus maridos, quienes de seguro se la ofrecerán gustosamente y con gran placer.
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

jueves, 26 de enero de 2012

¿Quién soy?


¿Quién soy?
¿Cómo me llamas cada día?
¿Amor?
¿Cariño?
Soy aquello que perdiste
cuando aún tenías tiempo para pensar en quimeras,
soy el romanticismo del que renegaste
cansado de que te hicieran daño.
Ahora sufres, bufón,
y culpas a todos de tu desgracia,
escondes tu pena
tras la sonrisa de un payaso...
Ahora, entre los pecadores
eres un santo.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

martes, 17 de enero de 2012

Otro amor es posible


Según los antiguos griegos al espíritu del Eros, como arquetipo del placer sensual, de los sentidos, que es motor de la vida, se le antepone el arquetipo del Thanatos, es decir, algo así como la muerte.
Los surrealistas y los decadentistas descubrieron que ambos conceptos contrapuestos no son tan diferentes en el alma humana... de alguna forma la muerte o el dolor podían causar cierta excitación de los sentidos...
Comportamientos fetichistas como sexo en lugares adscritos al ritos funerarios o con gente enferma o lisiada, tienen mucho que ver con esta relación Eros / Thanatos.
La ginofagia y la androfagia es algo parecido... Aunque se puede quitar el carácter, y es más útil para meditar sobre la naturaleza humana o la antropología del pensamiento.
Un ejemplo: ¿De pequeños las señoras mayores te pellizcaban las mejillas y te decían: esta niña, o este niño, esta para comérsela? Sí, verdad. Normalmente, comentarios o acciones como aquellas suelen ser comportamientos ginofagos, si es una hembra, o androfagos, si es macho... Temas como: este chico esta más bueno que el pan, o ese culito esta para morderlo, o frases como esa de: de pequeños te lo comerías, y cuando son grandes te arrepientes de no haberlo hecho; o, también, dentro del sexo, el propio acto de morder o chupar, es un acto de ginofagia o androfagia. Y luego están los mitos solares antiguos, que han llegado a nuestros días convertidos en cuentos o narraciones populares como: Hansel y Gretel, Caperucita Roja, El Lobo y los 7 cabritillos; todos basados en mitos solares como el de Ra y la serpiente Apofis: Cada noche, Ra (el sol) era engullido por Apofis, y luego resucitaba más poderoso al renacer al día siguiente; Esos tres cuentos en realidad son narraciones de ritos de paso... De la luz a la oscuridad, para llegar al renacimiento más luminoso.
En fin, otro amor es posible... y se suele dar donde menos te lo esperas.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

lunes, 16 de enero de 2012

Aire


¿Qué es la brisa?
El aire al estrujar tus pechos en cada caricia.
¿Qué es el viento?
El aire que surge cuando me estoy pediendo.
¿Qué es un huracán?
El aire de tu cuerpo y el mío bombeando hasta el final.
¿Qué es la tempestad?
El aire de nosotros follando hasta explotar.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

viernes, 13 de enero de 2012

Je te aime... Yo más


I

Te amo…
No, yo más.
Iría al infierno tras de ti.
¿Y por qué tan lejos?
Por qué te amo.
Yo más.
Quiero devorar hasta el último pelo de ti.
Me evitaras depilarme.
Te amo...
Yo más.
Moriría por ti.
Yo me dejaría enterrar a ti abrazada.
Abracémonos entonces.
¿Ahora vamos a morir?
¿Acaso lo quieres?
Es que tengo hora para la peluquería.
Podemos esperar, porque te amo.
Y yo te amo, aún más.

II

He nadado entre excrementos para buscarte,
y limpie tu cuerpo con mis lagrimas y mis besos.
No sabes cuanto te amo por eso.
He sufrido viéndote contorsionarte entre electrochokes,
Y estuve allí cuando llorabas por una muñeca rota.
No sabes cuanto te adoro por eso.
He sido tuya y de nadie más,
Todas las manos que me han tocado eran la tuya.
No sabes cuanto te deseo por eso.
Me he hundido y resurgido sin soltarte de la mano,
He sido la fuerte de la pareja ¿Sabes lo duro que es eso?
Te amo, te amo, te amo.
Pues yo más.

III

Pongámonos serios.
Pongámonos en serio.
Creemos en serie.
Creémonos en serie.
Seamos felices.
Seamos monos felices.
Amémonos por siempre.
Amé a monos siempre.
Riamos...
Riámonos...
Siempre tú y yo.
Siempre yo y tú.
Gracias.
A ti.
Te amo.
Yo más.

Para mi amor, mi mimisuna, nada de esto te hace justicia, pero si algo siempre ha habido en nuestro amor son risas y sonrisas. Te amo, aunque se que tu a mi más.
(14 – 01 – 2002 a 14 – 01 – 2012)


Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.