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sábado, 12 de mayo de 2012

Canibalismo Bufonesco

Fast Food
Regina y Alfred están en una sala, Alfred esta dentro de un vaso al que Regina da vueltas, relamiéndose. Alfred: ¿A que esperas para sacarme? Regina: Dame un segundo. Observo todo lo que puedo tener para mi esta noche.... Alfred: ¿Y que es lo que puedes tener para ti esta noche? Además de un cartón con un hombre dentro. Regina: Aún no sabes la cueva cálida que aguarda..... Solo para ti. Alfred: Yo es que soy más de ciudad, a mi lo de las cuevas... Regina: Ah, si. Te colocare en la ventana, no escapes, iré a la cocina. No tardo Alfred: ¿En una ventana? ¿Qué me crees un flor? ¿Un jarrito de cerámica que secar al sol? Regina: Calla, que no estas en la mejor situación para cuestionar lo que hago... Que en cualquier momento podría aplastarte Alfred: ¿Aplastarme? ¿Y por qué o como ibas a aplastarme? Alfred se asoma curioso por el borde del vaso Ella se ausenta, al rato regresa. Regina: Alfreddddd... queridooooooo... ¿Donde estas? Te puedo oír Alfred: Aquí. Asoma la mano por el borde del vaso. Regina: ¿Por qué te ocultas? Alfred: Yo no me oculto, es que tu no me sacas de este vaso... y me aburro. Alfred se pone triste, Regina nunca le escucha. ¿Qué era Alfred de Regina? Esposo, amante, duende, humano... ¿O tampoco importaba? Era un chico diminuto en un vaso de comida en salsa. Comida a domicilio. Brasserie Nº1
Escogemos una modelos: Muchacha Pulpo, modelo culinario para canibalismo bufón. Que empiece la acción de cata... Sujetos / Gourtmet: Señor A y la deliciosa Señorita B.
Señor A: ¿Muchacha pulpo en salsa? Toda una delicia en restaurantes japoneses. Señorita B: Es interesante.
Señor A: Muchacha pulpo en salsa con arándanos. Señorita B: La otra... Me sigue gustando la primera. Señor A: Sí, parece tener una presentación más interesante... Jejejejejejeje
Señor A: A ver que opinas de esta... Il Corneto di la Abundancia... Señorita B: (Boquiabierta) magnifica (Más y más boquiabierta) mucho mejor, definitivamente, mejor (Tremendamente boquiabierta) Señor A: A ver si se va a colar mi miembro por esa boca tan abierta
Señor A: ¿Y esta? Ángel Octópodo de Anís y Chocolate. Señorita B: (Boquiabierta) Me gusta... Sí, ya mejoro, y mucho Señor A: ¿Entonces es de tu agrado el menú? Señorita B: Sí, me gusto... Pediré el Corneto y este último. Pero ¿Y el vaso de Bufón Macho en Salsa? Señor A: (Ríe) Bueno, ese ya lo probamos ayer ¿No te gusto? ¿O es que te quedaste con ganas) Señorita B: (Ríe) Si me gusto, solo que no me gusto como empezó. Señor A: Será que no te atreviste a disfrutarlo (Ríe) Señorita B: (Ríe) No con tantas interrupciones. Señor A: Una pena ¿Sabes cual dicen qué es el alimento del futuro? Señorita B: ¿? Señor A: La polla, pues, se compone de: una salchicha de carne, un par de huevos y una buena ración de leche.
Señor A: Mira este postre... Fantasía de Bufoncita en Salsa. Señorita B: (Boquiabierta) Jajajajaja... ¡Ñam! (Sonrisa picara)... Mmmmmm... Esa también me gusta. Aunque, ¿no estoy segura, si ahí aparece, la comida del futuro? ¿O mi sentido de lo abstracto? No anda funcionando. Señor A: Seria perfecta una mujer con pene o un hombre con tetas, pero, no, ahí no aparece la comida del futuro... aunque, es probable que en el futuro debamos comernos los unos a los otros. Señorita B: Jajajaja... Pues, me imagine la comida del futuro... Acariciando la piel de la mujer... Jajaja... o así lo vi. Señor A: Tu serias un manjar cotizado, sin duda (acaricia la piel y los pechos de la Señorita B) Señorita B: (Sonrojada) Señor A: El alimento del futuro del que hablábamos quizá te lo muestre en otro catalogo o menú
Señor A: Espere... Sígame, quizá sí que en el siguiente menú encontramos lo que usted busca... aquí esta “Cetro de bufón a la naranja y el chocolate, con decoración de fresón” ¿Qué te parece? ¿Acaso no es digno alimento del futuro? Señorita B: Me gustó más el Cornetto.
Y después de la cena, solo quedan las cenizas... alimento de los muertos. Brasserie Nº2
Existen restaurantes, donde mujeres violín, jamones voluptuosos, se dejan tocar por bufones que crean con ellas danzas co(s)micas. Veamos el menú... De primero: El destino de Gretel o una humilde solución para dar utilidad a las niñas repipis y alimentar al resto, incluidos sus sufridos padres y hermanos...
Con un año, un niño bien alimentado y saludable, es una alimento delicioso, muy nutritivo y muy sano, ya sea hervido, asado, estofado o al horno, aunque no dudo que también pueda servirse en un guiso o en cocido (Jonathan Swift; Una Modesta proposición...) De Segundo: Torso de mujer dorado al horno
La carne de hombre es, sin comparación alguna, la mejor, ya que es la más apropiada para las necesidades del cuerpo humano (...) El Hombre es el mejor alimento para el Hombre (...) En general, debemos fiarnos de la juventud del individuo – Cuanto más joven, mejor es la carne – (...) Un individuo femenino será, salvo excepciones debidas a ciertas profesiones, preferible al masculino (...) (Roland Topor; La Cocina Caníbal) Y de postre: Odalisca a 300º
El canibalismo es una de las manifestaciones más evidentes de la ternura (Salvador Dalí) Consumición global de mujeres
Dicen que la mujer es el animal más bello de la naturaleza: tiernas, apetecibles, voluptuosas, dulces, lo que nos lleva a pensar... ¿Y porque no las venden en los supermercados? Ah, claro, eso ya se hace, pero de una manera a escondidas: nos venden a la mujer comestible en anuncios de perfumería y productos cosméticos, en general nos la venden en cualquier ámbito imaginable de la publicidad... Incluso en los medios de comunicación o de masas (videoclips, películas, revistas destinadas a publico masculino, etc) Vivimos en la época de la mujer comestible, un paso más allá de la pasada mujer objeto o florero. Supongo que eso es lo que se consigue con tanto feminismo irracional e hiprogresista, pasar de ser un algo decorativo a un algo consumido. Pronto no nos extrañara, entonces, encontrar estos platos y recetas de precocinados:
Precocinado de rubia preparándose en su propia salsa.
Morena en salsa a fuego lento.
Gemelas morenas en salsa a la plancha. ¿Desagradable, verdad? Pues no lo parece cuando todos participamos de ello... Protestamos contra el maltrato animal, pero nadie protesta realmente por el maltrato del animal más bello del universo... Incluso aquellos vegetarianos que tanto aborrecen de la carne de otros animales, consumen sin vergüenza alguna la carne de este hermoso, apetecible y dulce animal: la mujer. Creative Commons License
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jueves, 19 de abril de 2012

No somos ni Romeo ni Julieta (7)


Capitulo siete: ... Y colorín colorado, esta bufonada se ha acabado

-Mi pequeño Mordred – dijo Jacqueline, vestida ya con su uniforme de noche, a su gato negro mientras le rascaba debajo del hocico - ¿quieres que te cuente que le paso finalmente al hombre malo?
El gato ronroneó como toda respuesta.
Jacqueline LaFey se había teñido el pelo de un color negro ala de cuervo que hacía aún más cremoso el tono de su piel, cambiar, mutar, era el camino de todo guerrero... Y era la única verdad en el universo: Todo Cambia, Nada Permanece...
-Pues papa y mama le metieron su mazo de polo por el culo mientras el hombre malo leía la nota de despedida de la escultural rubia a la que estaba prometido, por la que había roto su amistad con papa, y que ahora le abandonaba por ser un jodido eunuco maricón.
Al ronronear de nuevo, el gato pareció reírse del destino de Darío Ricardo Pendragón.
-¡Uy! Que perversa es mi cosita – rió Jacqueline mientras acariciaba a su mascota antes de incorporarse para marcharse.
Cuando estaba junto a la puerta se detuvo frente a una foto de Lucas DuLac, acarició el rostro de la foto...
-¿Dónde estas mi Bufón chulo y beio? Tus chicas te echan de menos – luegos e beso la yema de los dedos y las planto sobre la foto -... Vuelve pronto, anda.
Jacqueline abandonó el apartamento con paso sinuoso, al tiempo que pagaba la luz del apartamento...
... Y al cerrar la puerta, el foco de luz que venía del pasillo hizo el mismo efecto de un foco al cerrarse al final de un espectáculo escénico...
¡Y eso es todo amigos!
(Al menos por ahora)
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No somos ni Romeo ni Julieta (6)


Capitulo 6: Como un cohete

Jacqueline LaFey estaba como niña con juguete nuevo, habían empezado robando unos prototipos de armaduras de combate en unos almacenes propiedad de Darío Ricardo, y ahora ella planeaba por los aires con una de ellas...
-Dios, soy un pájaro, soy un avión, soy...
-Una bruja sin escoba – terminó la frase Lucas.
Jacqueline le sacó la lengua.
-Pues yo no veo que tu te pavonees menos – le pinchó, entonces ella – además, ya se sabe lo que dicen de los tíos con armaduras grandes.
-Pues no lo sé, lo cierto es que yo la tengo como un niño de diez años.
-Bueno, eso es un buen signo de modestia... No te pega.
-Imagínate lo que sería que te metieras un niño de diez años por cualquiera de tus orificios, y sabrías lo que es pegar de verdad – rió, él, a carcajadas.
-Ese si es mi Lucas – concedió, ella, con una sonrisa -... Aunque, son tantas veces ya las que me has insinuado tener sexo, que voy a tener que empezar a apuntarlo en mis planes... No sé – la sonrisa picara de Jacqueline desconcertó a Lucas, aquel si que era un golpe que el ingenioso muchacho no se esperaba.
-Ponte a la cola – terció él, negándose a darla la victoria.
.De eso exactamente estamos hablando ¿No? – contestó ella.
Lucas DuLac finalmente hizo el gesto de ondear la bandera blanca.
Entonces ella hizo algo que ninguno de los dos esperaba, se puso a su altura, le agarro del rostro y los beso en la boca.
-Gracias.
-¿Por? – balbuceó él.
-Cuando seas mayor lo sabrás – dijo alborotándole el pelo, y volviendo a ascender.
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No somos ni Romeo ni Julieta (5)


Capitulo cinco: We can be Bouffons, forever and ever.

Beatricce cepillaba su largo cabello dorado, tan largo que, cuando lo soltaba, cubría el suelo a sus pies, mientras miraba por la ventana el partido de polo que su prometido jugaba en los jardines.
Si al menos demostrara el mismo ímpetu en la cama, suspiró la beldad rubia.
Beatricce se miró en el espejo ovalado que tenía sobre el tocador: ¿Acaso no tenia un cuerpo perfecto? ¿Sus piernas no eran lo suficientemente largas y torneados sus muslos? ¿No tenia un vientre plano y liso, y unos pechos redondos firmes, y bien puestos? ¿acaso su rostro no era hermoso? ¿No tenia una boca carnosa y sensual? ¿Su nariz no era respingona y graciosa? ¿Sus ojos no eran bonitos, tan grandes y claros, con aquellas pestañas larguísimas? ¿Acaso el que solo fuera vestida con sus largos cabellos no haría que cualquier hombre se la echara encima? Pues, lo que era “su hombre”, no.

Sentados frente a frente sobre bancos de piedra, Lucas DuLac miraba a Jacqueline LaFey y ella le devolvía la mirada.
-¿Qué nos ha pasado, Lucas? – pregunto ella - ¿Podemos aún reconocernos el uno al otro?
-Yo siempre podré reconocerte a ti, Jackie – contestó él - a la chica insegura que se esconde bajo varia máscaras, y a través de ella seduce y calienta, manipula y alienta, a otros hombres a desearla... Por qué cuando los oye gemir, o alabarla, mientras ella esta en acción, ella se da cuenta de lo preciosa que es de verdad, aunque sea viéndose realmente a través de los ojos de todos aquellos hombres y mujeres perdidos. Cuando nos conocimos tu trataste de seducirme igual que a ellos, pero yo pude ver a esa niña insegura, con poca relación familiar, y ansiosa de atención y cariño... Pero nunca podría juzgarte, yo he actuado igual o peor, y es por eso que entiendo la adrenalina y las demás sensaciones que exponerte de esa forma provocan en tu cuerpo, de golpe eres el centro de atención, el objeto de su deseo y a quien dedican sus secreciones... sí, es adictivo, pero también es autodestructivo – hizo una pausa - ¿En que crees que nos convierte eso?
Jacqueline hizo una pausa, y al rato sonrió.
-En bufones – dijo chasqueando los dedos.
Lucas no pudo evitar romper a reír.
-Cierto – se secó una lagrima – muy cierto, ma cherìe.
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No somos ni Romeo ni Julieta (4)


Capitulo cuatro: Hace un millón de cuentos, en un bosque muy lejano...

-¿Dedón vas Tacirupeca Jarro?
-¿Cómo?
-Dónper – la voz entre la niebla y los árboles carraspeo - ¿Dónde vas Caperucita Roja?
-Así mucho mejor.
-¿Acaso a casa de tu abuelita? – pregunto la voz.
-Pues no.
La noche era fría, y Jacqueline LaFey se había puesto algo bajo el corsé, botas altas, y medias gruesas, además, por encima de la ropa lucía una capa escarlata con capucha para cubrirse la cabeza del frío y la humedad. Entre sus manos portaba una pesada cesta, comprendía la confusión de identidades.
-¿Entonces que llevas en esa cestita? – el dueño de la voz pareció relamerse -... Un pic nic... O quizá una buena guarnición con la que acompañarte.
-Armas para rescatar a una amigo – le contestó Jacqueline.
-Joder, como ha cambiado el cuento – se quejó la voz.

Lucas DuLac estaba esperando sentado frente a la puerta de la casa de aquella bruja.
-Y yo que venía a rescatarte – se quejó Jacqueline al verlo.
Lucas se encogió de hombros.
-Lo siento, esa mujer me dejo hacer una llamada y mi rescate vino como loca antes.
-¿Tu rescate? – pregunto ella desconfiada, quizá algo celosa.
-¿Recuerdas a esa cocinera regordeta que siempre andaba detrás de mi, pregunta que te pregunta? – la dijo Lucas.
-Sí – asintió Jacqueline, aún molesta -... La ninfomanía babosa esa.
Lucas sonrió pícaro.
-Pues vino corriendo a “reunirse conmigo” – en ese momento la salida de humos de la cocina soltó una varada de humos -... Mejor ella que yo ¿No?
Jacqueline abrió mucho sus preciosos ojos claros.
-¿Serás capaz de? – pregunto boquiabierta.
Lucas señalo el humo.
-He sido capaz.- Se encogió de hombros -... La verdad es que la cerdita peggy suplicó mucho cuando supo que era un trampa, pero, a esa mujer insaciable le gusto más el intercambio – y señalándose las partes añadió -... Yo solo tenía una cosa gorda, y cualquier mujer hasta de eso se cansa.
Jacqueline no sabía si reírse o golpearle...
-Eres un caso perdido – dijo, al final - anda, vamos para casa... y, mientras, pensamos que vamos a hacer con Darío Ricardo y su intento de sacarte de acción.
Y cogidos del brazo, se alejaron los dos amigos.
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No somos ni Romeo ni Julieta (3)


Capitulo tres: Por la boca muere el pez y disfruta el bufón

Embutido en unos pantalones de brillante cuero negro, sujetos por dos cinturones, de tachuelas (prácticamente cruzados en su cintura), con una camiseta negra sin mangas, cadenas: una, colgando de su cintura y, la otra, alrededor de su cuello; y, por ultimo detalle, sendas muñequeras de cuero circundadas por brillantes tachuelas, así lucía Lucas DuLac, cuando se adelantó para ponerse frente al enorme pórtico dorado enclavado en la pared lisa de aquella enorme montaña.
Mirando, por encima de su hombro, a sus dos acompañantes, hombres de Darío Ricardo cuya presencia allí era meramente de testigos para su jefe, que permanecían a sus espaldas, les dijo con una amplia sonrisa.
-Mirad.
Los dos de atrás asintieron.
Lucas ya estaba tocando a la puerta: Toc... Toc...
-¿Hay alguien?
La voz, que sonó entonces, hizo temblar la puerta.
-Sí... ¿Quien eres? Si eres testigo de Jehová vete por donde has venido-
-Solo un viajero – respondió Lucas quien, pues no era tonto, sabía bien a donde le enviaban los celos de su, hasta entonces, mejor amigo -... estoy perdido, y hambriento ¿Me dejaría pasar aquí la noche?
La pesada puerta se abrió sola, sumergida, muy cerca, estaba la atractiva dueña de aquella gruta de los misterios, sumergida en su baño de sangre (sangre de sus jóvenes victimas).
-Claro, entra, y, sigue hasta el fondo – dijo la mujer, mirándole de arriba hacia abajo.
Lucas miró hacia donde le indicaban, el destino era claro.
-¿Hasta esa jaula?
-Sí, corazón, aquella tan húmeda y lúgubre.
Lucas se encogió de hombros, y camino hasta el interior de aquella estructura.
-Ya estoy.
La desnuda hechicera le había seguido a poca distancia, y, enseguida le tuvo dentro, cerró la puerta.
-¿Por qué cierra la puerta de la jaula? – simulo inocencia, Lucas - ¿Y, encima, se relame obscenamente, como si yo fuera algo comestible?
-Es obvio.
-¿Obvio? ¿Acaso va a comerme?
-Todito... supongo, es lo que viene en el guión.
-Pero, hermosa, y sanguinolenta, doncella, si aun no comprobó si estoy gordito para eso. ¿Quiere que la enseñe mi dedito, para que lo palpe, y, se asegure? Ande, tome mi dedito y pálpelo - en vez de dedo, Lucas, sacó, entre los barrotes, su miembro viril -... Así, vera usted si estoy para comerme o no.
La doncella antropófaga se quedó boquiabierta ante la osadía de su última victima.
-Muchacho malcriado, ese no es tu dedo.
Lucas no era tonto, ni aquella bruja caníbal miope.
-¿No la gusta lo que ve? Mire que gordo se ha puesto en un momento.
La mujer lo miró con nuevos ojos, y una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras pasaba la lengua por sus carnosos labios.
-Ah, pues sí, ves.
-¿No la gustaría probarlo?
-Pues, en verdad, podría lamerlo para ver a que sabe.
-Sírvase usted misma, así sabrá si la carne es de su gusto.
La doncella antropófaga, empezó tocando, tan solo, la puntita con su cálida lengua.
-Mmmmmmmm... Señora, o señorita, es, usted, toda una gourtmet.
-Señorita, por favor... Mmm... Pues, tenías razón, parece buen material... Ahora, que sé el sabor, chupare un poco más... para evaluar la ternura.
Agarrado a los barrotes, Lucas movía las caderas de adelante hacia atrás...
-Me alegro la guste... Mmmmmmm...
-Si no te importa, primero probare la cabecita.
Se introdujo en la boca el hinchado glande...
-Esa es la mejor parte, es tierna y cálida, y, bastante jugosa.
... Al tiempo que pasaba la lengua por el tronco, para, de nuevo, volver a engullir el glande.
-Mmmmmmm – continuó, Lucas, cada vez más contento con su castigo, pero, aún así era un castigo y debía pensar algo para ganar tiempo... a su siamés calvo y tuerto y a él aún debían quedarle algunas aventuras, no podían separarse todavía, sería injusto para muchas doncellas -... ¿No ira a comérmela cruda? Si no la importan las sugerencias, se la recomiendo con un poco de nata o sirope de chocolate.
-¿Por? ¿No le encuentro mal sabor?
-¿A usted la sabe bien?
-Supongo, no acostumbro a probar la comida aún viva antes de comérmela.
-Pues, entonces, nada que hablar, todo al gusto del cliente... ¿Quiere plato, cuchillo y tenedor, para disfrutarla mejor? No será porque no se lo pongo fácil.
La mujer solo lo pensó un instante. Negó con la cabeza, y contestó a su prisionero:
-Es mejor cogerlo con las manos... Lamerlo... Chupárlo... Morderlo...
Y a cada nominación le había seguido la acción.
-Como quiera, he de confesarla que también a mi me gusta más así... Oiga, no la importa que me corra en su boca ¿Verdad?
-Para nada me encantaría, dicen por ahí que el semen tiene muchas proteínas y...
Dicho y hecho.
-¿Pero qué ...? ¿¡ya!?
La bella bruja se retiró con la boca llena del semen que no había podido tragar.
-Bueno, señora – contestó divertido, Lucas -, ya tiene la salsa para la comida ¿Qué hará con el resto?
-Me lo comería, pero, ahora, no sé.. me da apuro.
Lucas, despreocupadamente, se tumbo sobre un montón de paja que había en un rincón de la jaula.
-Entonces, déjeme quedarme a dormir aquí en su casa, y mañana seguimos ¿le parece?
-Claro, cielo, claro... tienes razón, las prisas son muy malas para el estomago.
La mujer se retiró a lavarse la cara y los pechos, manchados por la imprevista descarga de Lucas.
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No somos ni Romeo ni Julieta (2)


Capitulo dos: Princesa busca Consolador

De cinco solitarios había ganado, completado, solo uno... Beatricce desnuda, le miraba melancólica desde su lado de la cama.
-Vamos a por el sexto – anunció él.
-Si tu así lo quieres – suspiro ella, sumisa a sus deseos.
El sexto tampoco se culminó...
Beatricce, triste Beatricce, estaba al borde de las lagrimas.
-Hazme casito – le suplicó.
-No hay seis sin siete.
-Pero el alba ya despunta – se quejaba la princesa.
Él la sonrió.
-Es el último, lo prometo,
-Esta bien.
Ya casi lo tenía... y en el último momento ¡Zas! Se bloqueó...
... Hace trampas, o cree que la engaña, la séptima ya era la octava.
Y la octava también fracasó, ella comenzó a hablar, quizá para fastidiarle intentando desconcentrarle.
Furioso comienza la novena...
... Y a la novena va la vencida.
-¡Ya está!
-¿¡Como que ya esta!? – exclama insatisfecha.
El heredero multimillonario Darío Ricardo Pendragón, y su prometida no es que se compenetraran muy bien en la intimidad del lecho... Ya me entendéis.

Lucas DuLac dormía en la habitación de al lado a la de la pareja, cada noche era testigo auditivo de los múltiples fracasos de su mejor amigo en el lecho. Ambos muchachos se conocían desde niños y solo se habían separado cuando, a instancias de su padre que pensó que así le haría más hombre, Darío Ricardo inició la carrera militar, Lucas, por su parte, inició la del galgo: correr detrás de todo conejo que se le cruzara por delante.
Beatricce entró en la habitación del mejor amigo de su prometido, buscando consejo, quizá algo de consuelo.
-Darío Ricardo no me come, Lucas – se quejó lastimera la princesa.
-Dale vitaminas – respondió Lucas, tratando de no mirar directamente a la bella muchacha, que consideraba que el mejor tejido para vestir su impresionante cuerpo eran sus largos y sedosos cabellos.
-Traté con Viagra, y me volvió a romper el corazón – añadió la melancólica ninfa.
-Sí, lo pone en el prospecto: no utilizar si se tiene problemas coronarios o de nala circulación – dijo, Lucas, sudando por su deseo de mirarla, pero considerando que de hacerlo para su amigo sería una traición -... Quizá, por eso, tampoco, alarguéis mucho el viaje en trenecito.
-¿Será que ya no le gusto? – pregunto, mientras trataba de ponerse en el campo visual de Lucas, para no sentirse tan ignorada.
Lucas abrió los ojos como platos ¿Cómo un ángel como Beatricce podía plantease tan siquiera que podía no ser atractiva a cualquier ser con sangre en las venas? ¿Acaso no tenía por toda la casa espejos que la devolvieran su imagen, perdidamente, a pesar de ser objetos inanimados, enamorados de ella?
Mirando al suelo y cerrando los ojos, para que fuera imposible que ella se le mostrara en todo su desnudo esplendor, Lucas la contestó.
-Paparruchas.
Y la conversación hubiera ido a más, o, quizá, la insistencia de Beatricce porque él la mirara mientras hablaban, le hubiera empujado a ir a más con ella, de no ser porque, Darío Ricardo entro en ese momento en la habitación.
Por un momento hubo silencio, el rico heredero confundió el rubor de su prometida, por ser descubierta mientras desvelaba la intimidad de ambos dos, por la sorpresa de haber sido pillada en traicionera intimidad con aquel bufón al que una vez llamó amigo, incluso hermano.
-¡Sal! – la ordenó, conteniéndose por no hacer mayor numerito.
Sumisa y obediente, Beatricce abandonó en silencio la habitación.
Darío Ricardo y Lucas quedaron dentro, de seguro que el joven y rico heredero iba a exigir venganza o gratificación por una traición que solo existía en su mente... y de seguro, que aunque Lucas se lo explicó, el siempre orgulloso Rockefeller solo vió y escucho lo que ego herido le dictó.

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No somos ni Romeo ni Julieta (1)


Capitulo uno: Por ti invadiría Polonia

Jacqueline LaFey con su metro sesenta y tres centímetros, con aquel rostro dulce y de ojos grandes, claros y juguetones, era la última chica a la que imaginarias tratando de meterte el miedo en el cuerpo... Eso era una ventaja para ella.
Durante toda su vida se había cuidado de vicios y excesos, aunque no por ello era una chica aburrida... Todo tenía su razón de ser.
Y la explicación a todo esto llegaba al caer el sol, cuando aquella estudiante de instituto, pizpireta y divertida, se calzaba el corsé, el gorro puntiagudo, y los leotardos a rayas (a juego con los mitones) que sujetaba al corsé con ligueros. Entonces Jacqueline dejaba paso a su alter ego: la Bruja.
Aquel ser nocturno si que daba miedo, las supersticiones calan hondo en el alma humana y ella lo sabía...
-Hay dos formas de hacer esto – la noche era fría, así que llevaba un poncho blanco (quizá demasiado grande, viendo que la resbalaba por los hombros) sobre el corsé -, la fácil o la difícil.
Jacqueline había practicado con la iluminación y la gestualidad, en esos momentos el hombre al que trataba de aterrar creía estar delante de una mujer con ojos de gato: luminiscentes en la oscuridad.
-No se quien eres o lo que quieres, pero...
No llegó a completar la frase, la puntera de los zapatos de Jacqueline se clavó en su barbilla... la dentadura se hundió en la carne de la lengua, estaría un buen rato sin hablar.
-Creo que elegiste la opción difícil, una pena – se burlo ella.
Otro puntapié, y el hombre, que había caído de rodillas, quedó inconsciente.
Jacqueline cogió el dinero del bolsillo del dormilón, y se marchó...
... Otra noche de trabajo, y otro cliente satisfecho.

Día siguiente, en una habitación cualquiera... Jacqueline y una amigo escuchan “Carmina Burana”...
-Me están entrando gañas de invadir Polonia – exclama el chico, emocionado con el “O Fortuna”
-¡Uy! Yo tengo una muy poblada “Polonia” – exclama ella.
Aclarar, solo eran amigos.
Él se quedó con los ojos como platos, ella se sonrojó.
-¡Ñam! ¡Ñam! – dijo él.
-¡Ñam! ¡Ñam! – respondió ella -... Creo que me contagiaste la temperatura.
-Sí, es que yo siempre estoy a alta temperatura – contraatacó el amigo.
Las gafas del chico se ahuman en instantes, mientras una sonrisa de bufón satiro cruza su rostro.
Él se llama Lucas DuLac, y este es el deporte nacional de los dos.
Creedme, entrenan cada día para ser los mejores.
-Ya somos dos – sonrió Jacqueline -... solo que yo me aguanto.
-Será que ahora te vas a cortar conmigo – sonrió, alzando las cejas, Lucas.
Ella rió, roja como un tomate.
-Son raras las ocasiones en que no puedo controlarme.
-Yo al revés, son raras aquellas en que puedo – devolvió la pelota, Lucas.
-Entonces a mi me tocan todas esas.
-¿Cuáles?
-Las ocasiones en las que te controlas – respondió ella, haciendo un mohín de decepción.
La sonrisa regresó al rostro de Lucas, quien sin moverse del sitio, ya parecía cubrir a su amiga.
-¿Tu crées?
Jacqueline asintió.
Lucas hizo como que pensaba y contestó:
-¿Y que podría hacer yo para demostrarte que te equivocas?
Al ver la mirada de su amigo, Jacqueline sintió miedo... Quiso retroceder.
-Esto... No sé.
Jugueteando con su cinturón, la mirada de Lucas era inequívoca.
-¿Quieres que nos igualemos?
Un día, tiempo atrás, Jacqueline había tratado de ver los limites de su amigo comportándose como una gatita mimosa, tratándole de seducir... Él se había puesto rojo como un tomate, pero el respeto ganó en aquella ocasión.
Ahora era ella la que, como él en aquella ocasión, tartamudeaba y se ponía como la señal de stop de un semáforo...
-Esto... Mmmmm... Jijijijiji...
-¿Eso es un sí o un no? – tiró él, un poco más de la cuerda.
-¿Como iba a pedirte eso? Eres mi mejor amigo – dijo ella riéndose.
-Pues, puedes hacerlo pidiéndolo por favor, o de rodillas, o simplemente pidiéndolo.
Ella rompió en carcajadas.
-¡Payaso!
-Ingenioso – corrigió él -. Lascivamente ingenioso – y llevándose la mano a la cintura, como un héroe de capa y espada -... Soy de verbo afilada – y mirándola con picardía, remató -, y lengua juguetona.
-No tienes ni que jurarlo – decía ella, retorciéndose de risa.
-¿Acaso desea milady que mi lengua juegue con su conejito? – dijo él con voz fingidamente afectada.
Jacqueline se retorcía en el suelo, entre hipidos con la boca y los ojos bien abiertos pues aquello ya la superaba... Tendría que sacar la bandera blanca, y declarar a Lucas ganador de la justa.
-Oiga, caballero, que yo soy de pensamiento e ideas puras.
-Es una pena, yo soy de pensamiento e ideas locas.
-Quizá yo sea de amabas – contestó ella, sin darse cuenta de su lapsus lingüístico.
Él si lo hizo, y lo aprovecho para seguir aguijoneando.
-Oye, tanto como amar... Eso ya tendríamos que hablarlo... Invitarme a cenar, comprarme flores, pedirle la mano a mis padres, etc...
-¿Amar? ¿Quién hablo de...? – pero enseguida se dio cuenta, y volvió a reír, al darse cuenta de su torpeza... cediendo a su rival un buen punto donde lanzar el estoque -... Sí, tendré que conquistarte, comprarte flores. Chocolate, invitarte a cenar...
-O ofrecerte para cenar – incluyó, él, en medio.
-... Hacerte la cena.
-Nada, la cena la preparo yo, tú ya haces suficiente poniendo la carne.
Las risas se turnaban con las ingeniosas estocadas dialécticas.
Cuando las risas se fueron apagando, y ellos seguían a la misma distancia de seguridad, Lucas preguntó:
-¿Ya sacaste la bandera blanca?
Jacqueline rió, y, asintiendo, contestó.
-Algo así.
-Porque yo puedo estar horas dándote la replica.
Ella le dedicó su sonrisa más dulce.
-No tienes que jurarlo.

Dicen que el cuélebre habla tan solo en inglés
pero está yendo aprender para hablar del revés
y no entederse con nadie ni en chino ni en bable
sobran las palabras
que las palabras se enredan
y forman oscuras las buenas ideas
dicen que el cuélebre habla tan solo en inglés.


-Canción divertida – presentó Lucas, el tema de Victor Manuel que, en esos momentos, llenó la habitación.

Dicen las lenguas que el cuélebre fue un travestí
pero el repite a la gente me hicieron así
puedo ladrar como un perro, nadar como un pez
o volar como un cuervo
me gusta andar los caminos calzando madreñas
tras de las mujeres
dicen las lenguas que el cuélebre fue un travestí


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viernes, 13 de abril de 2012

Querida tía Petunia...


Querida tía Petunia:
Aquí en casa las cosas van igual, los dragones siguen fumando marihuana y hemos vuelto a perder un sirviente, aunque esta vez también desapareció la cubertería de plata que nos regalaste y el juego de palos de golf del abuelo. Quizá deberíamos haber revisado sus referencias con más atención, pero, a mi entender, una residencia en Alcalá Meco era suficiente recomendación.
Pero, no quisiera aburrirte con malas noticias, lo cierto es que, tal y como nos recomendaste, la vida en el campo es de lo más saludable... Magdalena solo va por el tercer catarro este mes, y tengo a los fontaneros trabajando a fondo debido a algunos problemilla (nada importante) con la calefacción y el agua caliente. Nada importante, de verdad, querida tía, no has de preocuparte. La vida en el campo es, de todos modos, idílica, el medico llegó ayer después de que le avisáramos el miércoles pasado. No has de temer nada, dice que la neumonía de la pequeña Ángela remitirá. Estabas en lo cierto al decirnos que tan alejados del barullo de la ciudad estaríamos más tranquilos, aunque quizá tarde algo en acostumbrarme a los aullidos de los lobos en las noches de invierno y a los adorables ruiditos de los grillos en las de verano... Nadie se ha muerto por no dormir ¿Verdad?
Una buena noticia, Magdalena vuelve a estar embarazada. Es algo que nos llena de felicidad. Debo haber heredado la puntería del abuelo, pues entre mis trabajos en la casa y las excursiones de mi buena esposa a la ciudad, para curarse los enfriamientos, apenas hemos dormido juntos en estos meses. Hablando de mi orgullosa progenie, te gustara saber que mi adorado benjamín, Miguel, sigue luciendo un moreno envidiable (cosa curiosa en una familia tan blanca como la nuestra, aunque Magdalena no para de repetirme que eso es parte de los misterios de la genética) incluso en este invierno tan duro y sin apenas días de sol. Seguro que pronto será más alto que su padre.
Otra novedad, acabamos de adoptar un perro... No muy grande, por eso de que tenemos niños pequeños. Lo cierto es que tener otro macho en casa no es tan bonito como se cree ¿A quien engaño? Le envidio, tarde siglos en convencer a Magdalena de que el semen venía bien para la irritación de garganta, y él puede hacérselo solo... ¡y puede pasarse así horas! Desde luego que los fox terrier son perros inteligentes.
Perdona, tía Petunia, este momento de ingrata debilidad... En realidad todos somos muy felices... aunque, ese perro aún más ...
Quizá sea que tanta tranquilidad empieza a afectarme, anoche, antes de acostarme, calenté el reloj y di cuerda al agua... Aún estamos recogiendo piezas del reloj por la cocina, bueno, las recojo yo... Magdalena paso la noche haciendo sus maletas, hoy se marcha a la ciudad a curarse del último de sus enfriamientos. A ver cuando arreglan la caldera y mi palomita deja de emigrar.
De todos modos, durante su ausencia, me mantendré ocupado, ya sea con los pequeños, Miguel y Ángela, o con tus dragones fumadores... Aunque estos últimos no es que den mucha conversación, el otro día, sin ir más lejos, me acerque a ellos y uno, señalándome con el dedo, grito: ¡Joder, esta mierda si que es buena, veo humanos!... Joer (te pido disculpas, querida tía), como si ver dragones fuera lo más normal del mundo.
Estamos empezando una nueva vida gracias a ti, mi querida tía Petunia. De no ser por tu inesperado accidente (quien iba a pensar que eras coulrofobica, de haberlo sabido hubiera convencido a Magdalena para que no te llevara a esa convención de payasos), aún seguiríamos viviendo en esa barraca, y yo escuchando a mi esposa quejarse... ¿Sabes? Siempre fuiste mi tía favorita.
Te quiere y te añora: tu sobrino.
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martes, 10 de abril de 2012

Los niños buenos van al cielo, los malos al Coco


Los dos gemelos correteaban sin control por la calle, nerviosos, hiperactivos... Sobre todo el chico. Su hermana simplemente trataba de seguirle. Marcelo siempre había sido el trato de los dos, Ines tenía visos de ser más asentada, aunque, solo un poco más de lo que era su hermano.
Sin darse cuenta se iban alejando y alejando, gritando y sin respetar a los viandantes con los que se cruzaban y les maldecían... alguien debió escuchar una de las maldiciones porque aquella mujer los atrapó al vuelo, la misma mujer que minutos antes sobrepasara el chico.
-¿A que no me coges, Ines? – vociferaba Miguel cuando la lano de la mujer se cerro sobre su hombro - ¿quién es usted?
La mujer que aparentaba unos treinta años, y tenía el pelo rubio ceniza como los dos gemelos y ojos de gata, le sonrió con dulzura.
-Una amiga de la infancia – contestó la mujer.
En ese momento, Ines giraba la esquina, y con su mano libre, la mujer la cazó.
-¿Dónde vais tan corriendo, ratoncitos?
-A usted no le importa – le contestó Miguel, y la lanzó una patada a la espinilla.
Sin dejar de sonreír la mujer esquivo la patada y de un tirón arrastró a los dos hermanos tras una puerta que permanecía abierta. Precipitados a las oscuridad que se abría tras ella, cuna boca de lobo, dieron con sus huesos en el cemento.
-Que poco pesan, corderitos – dijo la mujer cerrando la puerta al entrar, y sumiendo en ya total oscuridad al interior de aquel lugar -... Y que fácil fue capturarlos.
-Si no nos suelta gritaremos – dijo Ines, y enseguida se puso a ello - ¡Socorro! ¡Quieren secuestrarnos! ¡Socorro!
-Grita y grita hasta desgañitarte – le dijo con total calma la mujer -, aquí nadie puede escuchar vuestros insufribles berridos.
-Quien es usted y que quiere de nosotros – dijo Miguel, lanzando patadas y puñetazos a la oscuridad.
-Ah, eso... Es fácil, podéis llamarme Alicia, y mi misión es llevarme a los niños malos, traviesos y molestos – la voz de la mujer les rodeaba, y cada vez la sentían más cerca -... Tiernos gritones y trastos, sabrosos maleducados y contestones...
De golpe los hermanos, sintieron una mano que se cerraba alrededor de sus piernas, los derribaba, para arrastrarlos aún más adentro de aquella oscuridad...
Los gemelos gritaron y gritaron...
-Debisteis ser más obedientes, escuchar y respetar a vuestros mayores, ahora no hay marcha atrás... No gastéis fuerzas ni destrocéis vuestras gargantas, ya nadie en vuestro auxilio va a acudir.
Ni siquiera entonces la escucharon, y siguieron revolviéndose y gritando, mientras eran arrastrados durante metros, kilómetros... Aquella estancia no parecía tener fin. Finalmente, agotados, perdieron la conciencia.

Cuando Miguel e Inés despertaron se encontraron presos en una jaula que colgaba del techo, pero lo que más les aterro no fue eso, sino los ojos, que brillaban como ascuas anaranjadas, de la mujer que les había capturado y, que, ahora, apoyada en un muro de hormigón cuya única decoración era un grotesco cuadro, los observaba ladeando la cabeza, como un depredador evaluando a su presa.
-Estáis en los huesos y así no me servís de nada – la voz de la mujer surgió sin que ella siquiera moviera los labios -... Ahí encerrados, sin poderos mover, y bien atiborrados de comida, en una semana, quizá, estéis lo suficientemente gordos para lo que os tengo planeado.
Inés rompió a llorar aterrada.
La mujer se relamió.
-Deliciosas lagrimas de niño... Vuestro miedo y desesperación, también es mi alimento.
-¡Callate, puta! ¿¡no ves que la estas asustando!? – increpó Miguel a la mujer.
En una fracción de segundos, incapaz de que los ojos de los críos lo percibieran, la mujer se movió y apresando del enclenque brazo a Miguel, lo aplasto contra los barrotes.
-Contigo empezare – la lengua de la mujer se paseo por la mejilla del niño -... Tu serás el primero en experimentar lo que os tengo preparado.
-Suéltame, bruja loca – le increpó Miguel -... y déjanos salir de aquí.
-Porque tanta prisa, cuando estén listos saldrán de entre estos barrotes.
Los días pasaban y el valor de los dos hermanos se marchaba con él, ya no eran tan impetuosos, alborotadores, ni traviesos... El miedo había apagado sus pequeñas almas, y la incertidumbre paralizado sus cuerpecitos.
Cada tres horas, durante todo el día, aparecían dos platos de comida dentro de la jaula. Ellos al principio se negaron a probar bocado, pero como el valor ahí tambien acabó flaqueándoles su orgullo infantil, o simplemente fuera el hambre y lo apetitosas que se veían las viandas, y comían hasta dejarlos limpios...
... Lo limitado de sus movimientos y aquellas 8 comidas diarias enseguida incidieron en el cuerpo de cada uno de ellos... De delgadas raspas habían pasado a rechonchos chanchitos...
-Que gorditos estáis, mis pequeños terromotos – decía la siniestra mujer, mientras entre los barrotes, les extendía, por turnos, una extraña pasta aceitosa. Ritual que desde ahcia una semana que había comenzado - ¿No oís el reloj? La hora esta ya cerca – y agarrando a Miguel por los cachetes, le dijo con voz terrorífica -... Y como te prometí, a ti te llegara el primero.
En cuanto la mujer se marchaba, los dos hermanos se abrazaban con fuerza y lloraban desconsolados uno en el hombro del otro.
Un día, les despertó el cerrojo de la jaula... y esa mañana, además de los restos de la última comida, la mujer introdujo a Miguel en un saco. Ines no pudo hacer nada por impedirlo, y se quedo ahí sola, abrazándose así misma, y llorando sin consuelo.
Miguel estuvo dentro del saco largo rato, siento como era transportado a pulso por aquella mujer. Finalmente se detuvo, y con un movimiento brusco, Miguel salió de aquel saco.
-Aquí esta mi señor, el primer rico lechón - dijo la mujer, abrazándose, completamente desnuda, a un gigante de piel cetrina, barba y cabellos descuidados, e idéntica situación en cuanto a la ausencia de ropajes.
-¿A qué esperas, mujer? El fuego esta encendido, y el asador montado; hunde en su tierno ano el espetón y a fuego lento lo asamos – la voz del hombre retumbaba por las paredes de la caverna, pues cavernosa y profunda era.
-No, eso, no – suplicó Miguel -... No me coman por favor.
-Y es tarde diabillo – dijo la mujer, recogiendo lo que parecía una lanza olímpica del suelo, y dirigiéndose hacía el inmóvil Miguel -... ¿Cuántas veces no te dijo tu madre, que si no eras bueno el Coco vendría para llevarte lejos y comerte? – la mujer separo las piernas de Miguel y colocó la punta en la entrada de ano, mientras lo mantenía tumbada recto y boca arriba -... Pues el Coco ya se te llevo, y ahora – El hombre se convirtió en humo y ese humo fue inhalado por la mujer, para que ambos, como había sido por milenios, fueran solo uno -... Va comerte – la voz que escucho Miguel detuvo su pequeño corazón.
Muerto, fue puesto sobre el fuego, donde, vuelta tras vuelta, se fue dorando y asando...
-La niña será la siguiente – anunció aquella cosa mientras la oscuridad se tragaba la caverna.
Por su parte, Inés lloro y lloro hasta que se le acabaron las lagrimas, la sed secó su garganta y la tristeza vació su estomago... Cuando llegó la siguiente comida, ni siquiera lloro al ver solo un plato sobre el suelo de la jaula, faltaba el de Miguel, y como zombie se comió el contenido...
Y al rito diario de embadurnarla con aquella pasta, se le unieron 3 baños diarios, mañana, mediodía y noche, en una enorme tinaja llena de un agua cálida y aromatizada... En ella Inés debía permanecer sumergida durante una hora, y luego la mujer la devolvía a la jaula...
-¿Donde se llevo a mi hermanito? – tuvo el valor, al fin un día, de preguntarle a la mujer.
Cogiéndola uno de sus rechonchos bracitos, la mujer la hizo tocarla la barriga.
-Esta aquí dentro, donde tu pronto te reunirás con él – le contestó la mujer, relamiéndose.
Y por primera vez, tras días sin poder hacerlo, Inés lloro aterrada por lo que el destino le tenia impuesto.
Cada día más gordita, perfumada y con la piel más suave y tierna, Inés se sabía próxima al estomago de aquella mujer... quien no se cortaba en leer, delante de ella, su “Recetario para cocinar niñas malas”
-Pandero a la mandarina... Cortar las nalgas de una muchachita bien rolliza y sonrosada, y bañarlas en jugo de mandarina durante una o dos horas, después meter al horno a 300º media hora, y disponer en bandeja de plata con patatas panaderas y gajos de la misma fruta.
o...
-Brocheta de mofletes... separa con cuchillo de filo fino, los dos mofletes de la nena, una vez se encuentren bien redondos y sonrosados por el proceso de cebado. Pinchar ambos en brocheta acompañados por gajos de manzana dulce y bañarlos, mientras se cocinan al fuego lento, con un chorro de almíbar – y pellizcándola las mejillas, relamiéndose, la decía – esta estoy deseando probarla contigo.
A estos nuevos rituales unió, aquella mujer, la tortura y la incertidumbre de pesarla y medirla cada 12 horas... Y a cada fin de aquel ritual, en los ojos de la mujer, la niña, podía leer que aquel podría ser su último momento con vida...
... Pero pasaban los días sin que lo peor no ocurriera, y aquello también podía con los nervios de la niña...
Una mañana, Inés encontró la puerta de la jaula abierta y ningún plato en el suelo de esta ¿Sería una trampa? Inés estuvo dos horas decidiendo si salía de la jaula o no, la ausencia de ruidos u otro vestigio de la mujer la decidió a salir.
Con pasos inseguros, los pies descalzos y sin prenda alguna que cubriera su cuerpo a las puertas de la adolescencia, recorrió la estancia, segura de que la mujer la saltaría encima en cualquier momento.
Entonces vio la puerta entreabierta... Aquella puerta no estaba ahí antes ¿O sí? Inés asomó su cabecita y vio que daba a la calle...
... sin pensarlo un segundo corrió como alma que lleva el diablo, pidiendo ayuda a los transeúntes con los que se cruzaba... Y cuando al fin convenció a uno, y volvieron a donde estaba la puerta... Ahí solo había una pared.
Inés volvió con sus padres, quienes la esperaban con lagrimas en los ojos habiéndola ya dado por perdida después de todas aquellas semanas... Lloraron juntos la muerte de Miguel, aunque nunca nadie creyó al versión de Inés...
Inés siempre se preguntaría dos cosas: ¿Quién era esa extraña mujer? ¿Y porque la había dejado escapar?

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lunes, 9 de abril de 2012

Los Comediantes 1


Ángela Morrigan, de piel tostada y cuerpo diez, caminaba por la calle, alguien la llama, la hace girarse...
-Ah, eres tú – dijo ella, reconociendo a quien la reclamaba.
-¿Por donde iba? – dijo Paloma.
-Ah, si – Ángela, frente a ella, la anima a continuar al historia - creo que los acostaste y ahora estabas mirando un libro de recetas para engordarlos más rápido, y la mejor forma de comértelos.
...
Al día siguiente los dos jóvenes se levantan hambrientos.
-Hola, señora - dicen al ver a su anfitriona en la cocina.
Ella se da la vuelta y los saluda.
-buenos días, niños, siéntense y desayunen - les dice, llevándolos a la mesa y mostrándoles todo un sin fin de cosas deliciosas.
Los niños tragan lo que la mujer les pone, la rubia y mofletuda Grétel la que más... Al final, dándose por satisfechos se echan atrás y se frotan las barrigas.
-Estaba todo delicioso, señorita – le dice, Hansel - pero no quisiéramos abusar de su amabilidad, y aunque la calle es fría, seguir aquí nos convertiría en una molestia para una señorita que tan bien se ha portado con nosotros. Nos iremos pronto.
-¿Por qué? – se queja, Gretel - Aquí estamos calientes y tenemos comida y a la señorita seguro que no la importa que nos quedemos - la mira con ojillos de cordero degollado - ¿Verdad, señorita?
-Es verdad, y me encantaría que se quedaran todo lo que quisieran – le dice, acariciando sus mejillas.
-¿Podemos quedarnos? – dice, Hansel - Pero tendremos que pagárselo de alguna forma, nada es gratis en esta vida.
-Por su puesto, dulce querubín, me ayudaran con tareas de la casa, las que dos pequeños como ustedes puedan hacer.
-Ok... ¿Y en que tarea quiere que empecemos?
Fingiendo, la mujer, pensar.
-Por ahora necesito que me ayuden probando cada uno de esos platos, y decirme si son ricos. Necesito que prueben cada uno de los platos y si es necesario que repitan...
-Lo haré yo – dice la siempre glotona Gretel -. A ver...
Gretel prueba cada plato.
-Están todos muy ricos – dice, sonriendo y marcando sus redondas y llenas mejillas.
Les había puesto, a esos platos, unas gotas que aumentaban el apetito para que siguiera comiendo.
Gretel come sin parar, repitiendo incluso.
-Esta riquísimo... Tienes que probarlo Hansel.
-¿Y yo que puedo hacer, señorita? – pregunta, Hansel.
-Tú, corazón, ven conmigo... mientras ella me sigue ayudando.
Y Gretel come y come hasta acabárselo todo...
La mujer lleva a Hansel a un cuarto cerrado, y le da una bebida con gotas para dormir... y lo encierra, luego, vuelve a ver a Gretel... a ver como va esa dulzura.
-Me lo acabe todo, señora, es usted una excelente cocinera – dice, Gretel - ¿Que mando hacer a Hansel?
-Esta ayudándome. Tú, corazón, toma esto y ve a tu cuarto a descansar - le da un vaso con gotitas para dormir.
...

-Mírales, que gorditos y sabrosos estaban en los últimos días... Al final Hansel estaba como un tonel, aunque, como siempre supe, nada más verles, la mas sabrosa y jugosa al paladar fue Gretel – se relamió Paloma.

Subida a la rama de un árbol, Aplle conversa, mientras otea el horizonte, con Lucas.
Él: ¿Sabes una cosa curiosa?
Ella: ¿Qué?
Él: ¿Sabes porque a las ancianitas les gusta pellizcar los mofletes a los niños y las niñas?
Ella: Mmmmmm... ¿Para ponerlos colorados? ¿Para ver si tienen grasita?
Él: Sí... las ancianas tienen una gran falta de proteínas, y comprueban que niños están más tiernos y gorditos, pues la carne de niño o niña es la que más proteínas tiene.... Recuerdo una vez, viajando en un tren, que lo vi en directo ¿Quieres oír la historia?
Ella: Diablos (Ella se muerde los labios)... Soy toda oídos.
Él: Pues, andaba yo en el tren, y frente a mi había una señora mayor y una madre con su hija... La niña no paraba quieta, y al principió pensé que eso era lo que llamo la atención de la anciana. "Pero, que niña más guapa y rica", dijo la mujer pellizcando las redondas mejillas de la niña... Yo intente abstraerme en el libro que iba leyendo, pero, cuando la señora, entre susurros le ofreció dinero a la madre, me sorprendí, pero, bueno, la madre era una de esas chicas inmigrantes y pensé que a lo mejor era su jefa y estaban saldando algún sueldo. Entonces llegamos a la última parada y, para mi sorpresa, la madre se fue por un lado y la anciana, con la niña en brazos. por el otro. Vi a la anciana parar en una verdulería y comprar tomates, zanahorias, manzanas y alguna cosa más, mientras seguía pellizcando las mejillas de la niña... Como soy de naturaleza curiosa, la seguí hasta su casa... y para mi fortuna era un bajo: ahí lo vi todo; vi como bañaba a la niña, y como seguía pellizcándola, pero, esta vez, por todo su cuerpo: nalgas, brazos, muslos, torso... Y tras secarla, ni siquiera la vistió, la llevo directamente a la cocina... No podía creerme lo que vendría a continuación. Tumbo a la niña sobre una fuente de plata y empezó a sacar el contenido de la bolsa que había comprado en la tienda... La nena quiso moverse pero la vieja la dijo que se estuviera quieta, y, aterrada, la niña obedeció... La anciana cortó las manzanas y las zanahorias y las echo en la fuente donde estaba la niña, después hizo una salsa de tomate con especias, y, aun caliente, baño con ella a la niña poniéndola tumbada en posición fetal... aprovecho esa posición para colocarla una rama de perejil en la entrada de su ano y una manzana en la pequeña boca... Luego, y para horror mío, vi como metía la fuente, con al niña dentro, en el horno y lo encendía antes de ponerse a ver la telenovela... Me fui antes de ver como se comía a la pobre e inocente niñita... Esa es la historia
Ella: ¿Y por qué no llamaste a nadie? (levanta una ceja) ¿Por qué dejaste que se comiera a la pobre niña?
Él: ¿Y que digo... Oigan una señora se esta cocinando a una niña?
Ella: Eso.
Él: Me hubieran tomado por loco, y, además, la madre no iba a testificar, después del fajo que se había llevado.
Ella: Ok.
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miércoles, 28 de marzo de 2012

Las Mil y Una Poluciones de una noche de verano sobre un banco


La menuda muchacha de rasgos que recordaban a los de la península Indostaní, escuchaba abrazada a Lucas la obscena historias que este la narraba, prácticamente inventándosela de carrerilla... Esta capacidad de improvisar era una de las múltiples habilidades de mi amigo.
El blando cuerpo de la morena, que hasta instantes antes había estado llorando, se amoldaba perfectamente al hueco entre el brazo y el costado derecho de Lucas. Ambos sentados en un banco, en plana vía publica, rodeados de gente que no paraba de pasar... pero, como ya se vera, ajenos a todo observador.
-Cuénteme una de las historias que escribes – le había pedido nada más dejar de llorar, mientras se acomodaba en aquel punto de su cuerpo, como una gatita necesitada de afecto, dejándose cubrir por el brazo de Lucas.
-Una historia – Lucas se dejo inspirar por aquel cuerpo curvilíneo y suave -... Te contare la de la chica que llamo a mi puerta.
-Soy toda oídos – dijo ella, sonriente.

“Caminando por las calles, aun con el semen de su hermanito en la garganta. La llamaron para trabajar en una pastelería, la dueña daba miedo pero pagaba bien”...
La puerta fue repiqueteada por dedillos delicados.
Una chica había llamado a su puerta: sonriente, pequeñita de tamaño, y delgadita; el escritor abandonó su trabajo, y abrió la puerta... la miro.
-Pasa y no tengas miedo ¿Tienes hambre? – la preguntó.
Ella asintió, y él fue a la cocina, trajo algo de picar y dos copas de buen vino.
Antes de atenderla, escribió algo en el ordenador.

“La chica come bien.
Bonita sonrisa, pero muy delgada,
la engordare...
Se va,
no, no la dejare...
Grita,
no, no lo hagas, te estropearas
y te quiero tierna y jugosa.
Come, come, tienes que engordar,
pronto será mi cumpleaños
y contigo lo quiero celebrar.

Mmmmm... qué gorda estas,
ven conmigo a la cocina...
Qué piel tan suave,
qué trasero mas digno de degustar.
Mmmmmmmm...
Chapotea en la marmita,
un guiso de chica colosal,
que pechitos tan jugosos,
mmmm, un bocadito mas...
mejillas dulces,
creo que cruda es como mejor estarás.
A la mesa.
Su trasero en lonchas, mmmm...
Qué banquete esa chica,
pronto vendrán la otra...

Caminando por las calles viene,
aun con el semen de su hermanito en la garganta.
Me llamaron para entrevistarme,
la elegí a ella.
Nada mas llegar la miro con detalle.
Sonríe.
Es monísima.
La invito a sentarse.”

Atendió entonces a su invitada, comenzarían la entrevista.
Pregunta: ¿Por qué tanto interés en que te entrevistara yo?
Respuesta: (señalando con el dedo la pantalla, con una sonrisa malvada) Apareciste en mis sueños.
Pregunta: ¿Cueles son esos sueños?
Respuesta: Vivir y escribir.
Pregunta: Eso suena frívolo.
Respuesta: Soy frívolo.
Él le indicó que se acercase, que leyera en la pantalla.
Pregunta: (visiblemente turbada) ¿Qué te impulso a escribir eso?
Respuesta: (Respondiéndola con otra pregunta) ¿No te seduce a ti lo oscuro y perverso de las personas?
Se acercó para olerla... se pasó la lengua por los labios satisfecho por el aroma de aquella hembra.
Pregunta: (más turbada) Soy yo la que hace las preguntas.
Respuesta: Ok.
Pregunta: (intentando recomponerse) Canibalismo y sexo ¿Cómo pega eso?
Respuesta: Sexo y canibalismo, es una cuestión de limites, quizá soy una persona de limites... no, no te creas todo lo que digo... aunque... si queremos llegar al limite no hay que detenerse ante nada, la máxima expresión, la que mas al limite se encuentra, del sexo es el canibalismo.
Se acercó aún mas, su piel blanca parecía suave.
Pregunta: (Más turbada aún, casi alcanzando la excitación) Esto...
Respuesta: ¿Te asusté?
Pregunta: (Miente) No, no, que va
Respuesta: (Observador) Te sonrojaste.
Pregunta: (más turbada y sonrojada) Perdón.
Respuesta: ¿Tienes calor?
Pregunta: Sí, la verdad (pidiendo con los ojos una excusa para ocultar su más turbación) ¿Puedo?
Respuesta: (sin separar los ojos de ella) Por mi no te preocupes.
Como poseída por un hechizo, la chica, en lugar de correr a ocultarse, se queda con tan solo una blusa blanca, vislumbrándose, transparentándose, sus pechos jugosos bajo ella.
Pregunta: ¿Cómo te inspiras?
Respuesta: Chicas guapas y bellas, que me digan algo... como tu.
Se volvió a sonrojar, volviéndose mas apetecible.
Pregunta: (más turbada que nunca) Perdón, no se porque tengo tanto calor.
Respuesta: Siento no tener aire acondicionado.
Pregunta: (ella sonríe, indicando que no tiene importancia) ¿Y después de eso, qué prepararas?
Respuesta: La cena.
Pregunta: (ella ríe nerviosa, más turbada y excitada) Me refiero en el campo literario.
Respuesta: Ni idea, todo surge de bocas de bonitos labios... como la tuya.
Se sonrojó aun más, él se acerco hasta centímetros de ella.
Pregunta: Me comerás ahora, como escribes en el texto ¿No es eso lo que deseas? ¿No soy acaso yo las dos chicas sobre las que escribes?
Respuesta: (Asiente) Muy lista, sigue preguntándome.
Ella esta a puno de proseguir, pero él le muerde, por encima de la tela, uno de los enhiestos pezones.
Pregunta: (más turbada al limite, llega alorgasmo) Aaaaaaaahhhhh, ¿Por... Por qué ese deseo?
Respuesta: Mon ami, me considero un liberador, el ariete que rompe las murallas de la represión sexual, el filo cortante que deshace las correas con las que reprimían el sexo... porque, y que no te engañen mi lechoncito... la represión en el sexo sigue existiendo.

La chica interrumpió la narración de Lucas, su mano se encontraba ya dentro de la bragueta de mi amigo, al cual, como a ella, la historia había excitado cuerpo y mente.
-¿Por qué tienes la polla tan grande? – le preguntó traviesa.
-Para follar mejor – respondió Lucas, con los ojos entreabiertos porque la morena ya le estaba masturbando.
-¿Y los ojos tan brillantes? – siguió preguntando.
-Para mejor ver el cuerpo de las mujercitas – respondió Lucas, mientras la atraía aún contra su cuerpo, para ocultar lo que estaba ocurriendo y, sobre todo, porque quería sentirla bien adentro.
-¿Y la nariz tan traviesa? Me haces cosquillas – reía divertida, pues Lucas había hundido su cara entre el cabello y el cuello de la muchacha.
-Para saber si estas en tu punto, y – robó un beso de aquella boca -... Mmmmmm... lo estas.
-¿Y esta boca tan rugiente? – le pregunto aumentando el ritmo de sus caricias sobre el miembro de Lucas.
-Para comerte mejor.
Lucas iba a tumbarla sobre aquel banco, y hacerla suya, sin importarle los transeúntes que pasaban, pero ella le indicó que se detuviera.
-Primero, deja que te coma yo... ¿Puedo? – ella estaba cada vez más excitada, y, sonriendo traviesa, sin esperar el permiso, fue bajando, dando pequeños besos por su torso (el cual descubrió bajo al camiseta con la mano que la quedaba libre) hasta llegar a su miembro, el cual lamió -... Mmmm... ¿Así es como te lo imaginas al contar tus historias? – le dijo, sin apartar su mirada de los ojos de Lucas, los cuales traicionaba excitación - ¿Quieres que lo vuelva hacer, para comparar? – dijo. mientras volvía a lamerlo, arrancando un gemido a Lucas... La gente que pasaba sin querer pararse a mirar por puro temor a escandalizarse, no les podía importar menos. Ella, al fin, engullo el grueso miembro, y al sacárselo exclamó -... Mi boca si que es para comerte mejor ¿Verdad?
Como toda respuesta un ronroneo, casi un gruñido, y los dedos de Lucas enredándose entre los cabellos de ella, incitándola a continuar rodeando con sus suaves y dulces labios el tronco de su polla.

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Applesad


Con 17 o 18 años, Lucas escribió un relato llamado “Mi Profesora de Matemáticas”...

Esta ahí sentada, frente a mi, la miro de vez en cuando.
-¿Lo entiendes Simón? – me dice, y me muestra el problema de matemáticas.
-Si claro... – qué asado mas delicioso me haría contigo, o quizás me haría una sopita; pienso y asiento.
La miro los dedos, pequeños y rechonchitos, deseo cogerla la mano y comérmelos uno a uno. Deseo tumbarla sobre la mesa y follarmela antes de devorarla.
Toco su mano, ¡qué piel mas suave!
Qué deliciosa va a estar, juro que cataré esta pieza; pienso
Observo lo carnoso de su labio superior, ¡Uhmmmm, qué manjar mas delicioso!.
La miro y pienso en innumerables formas de cocinar a esta Gretel / Caperucita Roja.
Se tiene que marchar. Mientras bajamos las escaleras, desde mi habitación en la segunda planta, observo su culito apretado que pide a gritos un mordisco.
Hoy llego tarde a clase, y Soraya se ofrece a llevarme a donde sea en su coche. En aquel Citroen la atacare y disfrutare de su boca, sus deditos, sus senos, su piel, su cuello, su culo,....
Pero la sorpresa me la llevo yo.
El coche se detiene en un descampado.
-Sácate la polla – me ordena
Se quita el cinturón de seguridad, se agacha hasta la altura de mi miembro erecto. Me mira y sonríe. Comienza con dulces lametadas mientras lleva el ritmo con la mano derecha. No tardo en pasar de gourmet a merienda, mi pene aparece y desaparece dentro de su boca.
Pronto eyaculo. Ella se reincorpora y me besa. Me pregunto cómo sabia de mis intenciones, mientras, ella arranca el coche y retoma la marcha.


Años después escribió el Efímero en tres escenas “Saco de huesos”... En cuya tercera aparecía una chica que sobresalía entre las tras que actuaban en la obra, esa chica era Apple.

(Primera Escena)
Simón: (Al publico) A veces, cuando pescas un saco de huesos, acabas con dos... Es la suerte de todo cazador.
Barbara, el segundo saco de huesos en cuestión, tenía ahora la boca llena.
Simón: Chúpala como si fuera lo último que vas a hacer en la vida
lo más probable, para ella. es que eso fuera cierto
Simón: (Autocensurándose mientras la palpa) ... Huesos, solo huesos.
Con rostro confundido, Bárbara se sacó el miembro de la boca.
Bárbara: ¿Chupar? ¿Él qué? No paras de hablar de huesos ¿Chupas huesos? Yo prefiero la carne... No sé.
Simón: Pues... ¿¡Qué va a ser!? (se señala su miembro erecto, mientras se promete ligarse a una chica con algo de seso la próxima vez... Con algo de carne y de seso, mejor aún)... la polla, el pene, la verga, el cimbrel, el badajo, el siamés calvo y tuerto, el bastón de mando... Puedo seguir así horas ¿Sabes? Y tu solo tienes que chupar la que tienes delante ¿Es tan difícil?
Ella le mira entrecerrando los ojos.
Bárbara: Ya entendí, no soy imbécil
Y tras decir eso, reanuda la tarea, pero, con menor ímpetu, pues, esta. enfadada.
Él suspira,
Simón: (Al publico) Parecía realmente lista cuando la conocí en aquella fiesta... Ella abrió la puerta, y me sonrió. Yo me fijé en su escote y en que tenía la boca ancha, perfecta para tragar y tragar... ¿Qué podía fallar? (Pausa y nuevo suspiro)... Pues, podía fallar el que, fuera de todo lo anteriormente descrito, Bárbara tiene la cabeza hueca, no es que la hubiera invitado a casa para charlar, pero, al menos, agradezco no tener que estar recordándola constantemente lo que esta haciendo... Suerte tengo de que lleva días sin pegarme ningún mordisco en el nabo después de que él sabor marinero del miembro le recordara a los bocadillos de calamares de El Brillante... De veras que eso es un alivio.
Cansado y seguro de que ya no iba a correrse, indicó a Bárbara que se levantara.
Simón: Anda y ve a llevarle su comida a la otra – Ya a solas, de nuevo hacia el publico, se queja de su suerte)... Menudo ojo he tenido con esas dos ((mirando hacia el lado por el que se ha marchado Bárbara). No me queda más remedio que matar a Bárbara esta misma noche, y cocerla en su propia salsa, si algo quiero cenar (sacándose un cuchillo de la chaqueta, camina hacia el lado por donde marcho Bárbara... Decidido a degollarla, y luego arrastrar el cadáver a la cocina) ¿Esta chica tan delgada sudara? Bueno, no pierdo nada por intentarlo... y sino todavía me queda la otra.



(Segunda Escena)
Simón: (Ríe divertido, repiqueteando con su largo índice en las costillas de la chica pez, la primera a la que se había traído a la casa) Cuando estés más gordita, te comeré asada (dejando a la muchacha, dirigiéndose al publico) Llevo ya tres días cebando a este saco de huesos, su delgadez extrema es causa de las mortificaciones a las que su credo marino, y la llegada de la moda anoréxica a los océanos, la han empujado, y cada vez que alcanzo a palparla (la agarra por la cadera, mientras, la chica pez hace intento de escapar, así agarrada, reboza la entrepierna contra las escasas nalgas), la encuentro, aún, más delgada (Se abre la bragueta y libera le miembro, al tiempo que la voltea e incrusta su miembro entre aquellos labios de carpa)... No importaba, por ahora me conformó con fragmentar su alma, aunque, ya empiezan a faltarme nuevos agujeros u orificios que profanar en esta apetitosa y joven pescadilla.
Tira del pelo de la chica y se incrusta hasta la garganta, mientras con la otra mano la da dos nalgadas que señalan el apagado de la iluminación.


(Tercera Escena)
Simón: (Simón completamente desnudo, tiene acorralada contra la pared a una chica de cabello corto que, vestida solo con una largo jersey de cuello alto, sostiene entre sus anchos y jugosos labios una manzana... Simón sonríe y retrocediendo un poco, pero solo lo suficiente para mantener su brazo extendido con la mano apoyada contra la pared a la izquierda de la cabeza de la chica, desciendo la mano siniestra a la altura de su pene... En todo momento sus ojos violetas permanecen fijos en ella Comienza con suaves caricias desde la base hasta el prepucio, y luego estirando suavemente hacia abajo, dejando al aire su hinchada y rosada nuez de carne... Repite la acción aumentando gradualmente la intensidad y el ritmo de las caricias, arqueando cada vez más las caderas hacia ella, y asomándose por la uretra la primera gota perla pálido del préseminal) Agáchate y pruébala con tu lengua, cielo (la quita la manzana mordaza de la boca, con un movimiento delicado, la sonrisa difuminada por el deseo y el fuego de la pasión), y dime a que te sabe.
Ella sonríe le arrebata con suavidad la manzana y recoge sobre la piel del fruto la lagrima del miembro viril, después muerde la manzana por el lado donde esta la gota de liquido preseminal... Simón cae de rodillas, derrotado, como si su piel solo fuera un saca para sus huesos.
Ella: (Al sonreír sus labios se hacen aún más gruesos y perturbadores) Podría tropezarme y comerte la polla. Podría beber del pitorro hasta embriagarme y poner bien gordo este dedito (Con un gesto el cae mirando al techo, y ella, colocándose a cuatro aptas, da tres chupetones al glande para demostrar su teoría) . Podría, después, solicitarte que me enseñaras ese dedito y yo devorarlo sin ningún delito (ella se lo hunde hasta la garganta y mueve la cabeza simulando que se lo traga)... Podría ser yo la que te devorara, girando la rueda que me ponía, minutos antes, como ensartada.
Con un movimiento salvaje y rápido, se lo traga y simón suelta en ese momento un lamento mezcal de éxtasis y dolor.


Apple tenía 23 años, dos años más que nosotros, cuando la conocimos, y Lucas enseguida se enamoro de sus labios y de sus ojos, además de su estrambótico estilo en el vestir... Sí Lucas fue uno de los principales cerebros y el modelo masculino de lo que vendría, Apple era sin duda su contrapartida femenina en aquel nuevo movimiento que se gestaba. Ambos Sagitario, eran puro fuego de una imaginación y una personalidad desbordantes. El que Apple fuera poco más de siete centímetros más bajita que él no hacía más que aumentar la fascinación que Apple le provocaba.
Lucas: ¿Qué te gustaría si te propusiera una cita?
Apple: Qué hubiera sobre todo muchas risas.... jajajajajajajaja...
Fueron mañanas, tardes y noches de reuniones delante de cafés, cervezas, infusiones o lo que se dejara beber... sin desestimar sus propios jugos sexuales (aunque quizá me este adelantando un poco), siempre con uno o dos ceniceros a rebosar por las colillas de los tres. Yo como siempre, un mero observador.
Yo: ¿Cómo te definirías para nuestro lector?
Apple: Pues supongo que soy bastante extrovertida, me gusta el arte, me dedico a cantar y soy un culo de mal asiento.

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