viernes, 30 de marzo de 2012

Elogio del Loco (Octubre del 2001 a 16 de Octubre de 2003)


-La locura, la falta de cordura, la liberación de las inhibiciones. ¿Que se puede decir de la locura o de los locos, sin tomar partido en una posición? Al fin y al cabo, ¿cómo podemos saber si un individuo esta realmente enajenado mentalmente? ¿Que parámetros miden eso? ¿Un loco puede ser aquel que se sale de la norma? ¿Entonces acaso un ser excéntrico esta tan loco como un psicópata?... Hay tantas preguntas sobre la locura, y la verdad es que yo no soy quien para hacer un estudio socio-científico sobre ella.
Salgo del letargo, es Ana quien habla... estoy atado... colgado... los ojos vendados... alguien me la esta mamando... ¿Quién?...
-Analicemos la locura desde la perspectiva de las 2 caras del Ser Humano, observemos como es cierta la idea, expuesta por Stevenson, de que al liberarnos de las inhibiciones, que nos impone en una cara surgirá la otra. Esta cara oculta esta compuesta, según mi opinión, por lo que somos en realidad (pues es algo que llevamos dentro de nosotros, nacemos con ella) ya que las inhibiciones y la cara externa nos las crea la vida diaria (el exterior). Que esta cara oculta sea buena o mala me gustaría decir que depende del individuo, pero no es así, ya que nacemos con ella y debemos aceptarla como tal....Este argumento podría ser la base de múltiples casos de psicopatía.
La felatriz se esmera en su trabajo, puedo sentir lo carnoso de sus labios.
-Ahora analizaremos otras puntos de la locura. La locura puede atacar de mil formas, aprovecha el menor resquicio de nuestra muralla para invadir la fortaleza. La locura nunca viene sola, suele venir del brazo de otra cruel dama: La soledad.... ¿Cuantas noches pasasteis solos / as en vuestras habitaciones sin dormir, cuantas veces habéis sentido terror y no habéis encontrado ninguna explicación del porque, tiene tantas formas de atacar la locura?... Cuando esto ocurre, acabas buscando formas, equivocas, de combatirla, como el beber, el fumar, las drogas,..., y acabas enloqueciendo igualmente o peor.
Dios mío voy a correrme, soy consciente de que ella también se ha dado cuenta de que pronto vera su boca inundada por el semen, y aumenta el ritmo...
-La peor locura es el amor, los malditos juegos del travieso y desalmado Cupido, es quizás la mas dulce, y eso es lo que la convierte en una de las mas difíciles de curar. Miraros, y ahora decidme: ¿Hasta donde habéis llegado, o llegaríais, por amor?.
El semen sale despedido inundando la boca de la felatriz, noto los dientes que se clavan en la carne, aun excitada, de mi pene...
... También siento como me transformo, como mi tamaño aumenta... las cadenas crujen, se quejan, también el techo del cual pendo...
-Tengo visiones, tumbada en mi lecho veo imágenes que luego intento expresar con palabras ¿Tu las tienes también? – noto la mano de Ana sobre mi mejilla - ¡Dios!, estoy a un paso de enloquecer.
La presa de los dientes desaparece, los carnosos labios comienzan a recorrer mi cuerpo ¿Estoy desnudo?. Unas manos hábiles, mientras, intentan revivir al pene muerto.
-La soledad, trae a su legión de fantasmas sedientos de despedazarme, yo huyo pero el asesino sin rostro sigue aguardándome al final del túnel.
Beso esa boca desconocida, mordisqueo aquellos labios jugosos con mis colmillos, y aquello es como alcanzar el cielo... vuelvo a perder el conocimiento mientras oigo finalizar a Ana...
-Pero, al fin y al cabo ¿Qué es la locura? No es sino mas que vuestro principio y mi final..
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Barbarella (1968), de la sexplotation al Art Bouffon


Basada en una heroína de comic galo, probablemente inspirada en el mito erótico de la época en dicho país: Brigitte Bardot; y precursora de otras heroinas del fantaerotismo como Jodelle.
Fue la propia BB la primera en la que se pensó para esta adaptación para al gran pantalla, pero sería finalmente Jane Fonda quien interpretaría a esta heroína espacial con tendencia a perder la ropa y a las situaciones de intimidad sexual.
Desde el insinuante, o quizá no tanto, strip tease a gravedad cero de los títulos de crédito, pasando por lo surrealista tanto de los diálogos como de la puesta en escena, y terminando por la genial escena del órgano músical con el que tratan de ejecutar a la heroína provocándole un orgasmo mortal, todo el fin es un autentico manifiesto de aquello que he querido expresar con mi Art Bouffon: diversión irracional, erotismo fetichista, y diálogos o situaciones que hacen girar nuestro cerebro queramos o no.
El argumento es el siguiente: El presidente Dianthus (Claude Dauphin) del planeta Tierra, en el año 40.000, le encarga a Barbarella (Jane Fonda) salir en búsqueda del sabio loco, el doctor Durand-Durand (Milo O'Shea), que habita en el planeta Lithion. Al llegar su nave se estrella. Es rescatada por un habitante de SoGo (la ciudad del mal), Mark Hand (Ugo Tognazzi), un ermitaño quien la seduce y la convence de tener una relación sexual con él. El coito es un acto desconocido para Barbarella, ya que para entonces, los terrícolas usan píldoras para obtener orgasmos. En un intento por escapar, Barbarella se estrella nuevamente y se encuentra con otros prisioneros esclavizados. Para poder continuar con su misión ella seduce a su vez a un ángel ciego, Pygar (John Phillip Law), que recupera la capacidad de volar después del encuentro amoroso. Logra llegar a SoGo en brazos de Pygar, es capturada y llevada ante la Gran Tirana (Anita Pallenberg), reina de SoGo, y allí descubre al doctor Duran-Duran convertido en el recepcionista de la Gran Tirana. Barbarella es nuevamente capturada y condenada a morir mediante una máquina inventada por el sabio loco, que asesina a través de provocar enormes orgasmos. Ella luchará por su vida y finalmente, tras un giro del destino (que para quien desee ver el film no desvelare) huirá junto a la Gran Tirana y Pygar del planeta SoGo.
Dentro de la teoría de la heroína o Seductora expresadas en el anterior manifiesto: El Galán, la Seductora, y el Eros en el Art Bouffon; Barbarella sin duda sería un ejemplo de esa heroína / seductora que simboliza la inocencia morbosa para afrontar las situaciones que la trama la pone en su camino.
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miércoles, 28 de marzo de 2012

Las Mil y Una Poluciones de una noche de verano sobre un banco


La menuda muchacha de rasgos que recordaban a los de la península Indostaní, escuchaba abrazada a Lucas la obscena historias que este la narraba, prácticamente inventándosela de carrerilla... Esta capacidad de improvisar era una de las múltiples habilidades de mi amigo.
El blando cuerpo de la morena, que hasta instantes antes había estado llorando, se amoldaba perfectamente al hueco entre el brazo y el costado derecho de Lucas. Ambos sentados en un banco, en plana vía publica, rodeados de gente que no paraba de pasar... pero, como ya se vera, ajenos a todo observador.
-Cuénteme una de las historias que escribes – le había pedido nada más dejar de llorar, mientras se acomodaba en aquel punto de su cuerpo, como una gatita necesitada de afecto, dejándose cubrir por el brazo de Lucas.
-Una historia – Lucas se dejo inspirar por aquel cuerpo curvilíneo y suave -... Te contare la de la chica que llamo a mi puerta.
-Soy toda oídos – dijo ella, sonriente.

“Caminando por las calles, aun con el semen de su hermanito en la garganta. La llamaron para trabajar en una pastelería, la dueña daba miedo pero pagaba bien”...
La puerta fue repiqueteada por dedillos delicados.
Una chica había llamado a su puerta: sonriente, pequeñita de tamaño, y delgadita; el escritor abandonó su trabajo, y abrió la puerta... la miro.
-Pasa y no tengas miedo ¿Tienes hambre? – la preguntó.
Ella asintió, y él fue a la cocina, trajo algo de picar y dos copas de buen vino.
Antes de atenderla, escribió algo en el ordenador.

“La chica come bien.
Bonita sonrisa, pero muy delgada,
la engordare...
Se va,
no, no la dejare...
Grita,
no, no lo hagas, te estropearas
y te quiero tierna y jugosa.
Come, come, tienes que engordar,
pronto será mi cumpleaños
y contigo lo quiero celebrar.

Mmmmm... qué gorda estas,
ven conmigo a la cocina...
Qué piel tan suave,
qué trasero mas digno de degustar.
Mmmmmmmm...
Chapotea en la marmita,
un guiso de chica colosal,
que pechitos tan jugosos,
mmmm, un bocadito mas...
mejillas dulces,
creo que cruda es como mejor estarás.
A la mesa.
Su trasero en lonchas, mmmm...
Qué banquete esa chica,
pronto vendrán la otra...

Caminando por las calles viene,
aun con el semen de su hermanito en la garganta.
Me llamaron para entrevistarme,
la elegí a ella.
Nada mas llegar la miro con detalle.
Sonríe.
Es monísima.
La invito a sentarse.”

Atendió entonces a su invitada, comenzarían la entrevista.
Pregunta: ¿Por qué tanto interés en que te entrevistara yo?
Respuesta: (señalando con el dedo la pantalla, con una sonrisa malvada) Apareciste en mis sueños.
Pregunta: ¿Cueles son esos sueños?
Respuesta: Vivir y escribir.
Pregunta: Eso suena frívolo.
Respuesta: Soy frívolo.
Él le indicó que se acercase, que leyera en la pantalla.
Pregunta: (visiblemente turbada) ¿Qué te impulso a escribir eso?
Respuesta: (Respondiéndola con otra pregunta) ¿No te seduce a ti lo oscuro y perverso de las personas?
Se acercó para olerla... se pasó la lengua por los labios satisfecho por el aroma de aquella hembra.
Pregunta: (más turbada) Soy yo la que hace las preguntas.
Respuesta: Ok.
Pregunta: (intentando recomponerse) Canibalismo y sexo ¿Cómo pega eso?
Respuesta: Sexo y canibalismo, es una cuestión de limites, quizá soy una persona de limites... no, no te creas todo lo que digo... aunque... si queremos llegar al limite no hay que detenerse ante nada, la máxima expresión, la que mas al limite se encuentra, del sexo es el canibalismo.
Se acercó aún mas, su piel blanca parecía suave.
Pregunta: (Más turbada aún, casi alcanzando la excitación) Esto...
Respuesta: ¿Te asusté?
Pregunta: (Miente) No, no, que va
Respuesta: (Observador) Te sonrojaste.
Pregunta: (más turbada y sonrojada) Perdón.
Respuesta: ¿Tienes calor?
Pregunta: Sí, la verdad (pidiendo con los ojos una excusa para ocultar su más turbación) ¿Puedo?
Respuesta: (sin separar los ojos de ella) Por mi no te preocupes.
Como poseída por un hechizo, la chica, en lugar de correr a ocultarse, se queda con tan solo una blusa blanca, vislumbrándose, transparentándose, sus pechos jugosos bajo ella.
Pregunta: ¿Cómo te inspiras?
Respuesta: Chicas guapas y bellas, que me digan algo... como tu.
Se volvió a sonrojar, volviéndose mas apetecible.
Pregunta: (más turbada que nunca) Perdón, no se porque tengo tanto calor.
Respuesta: Siento no tener aire acondicionado.
Pregunta: (ella sonríe, indicando que no tiene importancia) ¿Y después de eso, qué prepararas?
Respuesta: La cena.
Pregunta: (ella ríe nerviosa, más turbada y excitada) Me refiero en el campo literario.
Respuesta: Ni idea, todo surge de bocas de bonitos labios... como la tuya.
Se sonrojó aun más, él se acerco hasta centímetros de ella.
Pregunta: Me comerás ahora, como escribes en el texto ¿No es eso lo que deseas? ¿No soy acaso yo las dos chicas sobre las que escribes?
Respuesta: (Asiente) Muy lista, sigue preguntándome.
Ella esta a puno de proseguir, pero él le muerde, por encima de la tela, uno de los enhiestos pezones.
Pregunta: (más turbada al limite, llega alorgasmo) Aaaaaaaahhhhh, ¿Por... Por qué ese deseo?
Respuesta: Mon ami, me considero un liberador, el ariete que rompe las murallas de la represión sexual, el filo cortante que deshace las correas con las que reprimían el sexo... porque, y que no te engañen mi lechoncito... la represión en el sexo sigue existiendo.

La chica interrumpió la narración de Lucas, su mano se encontraba ya dentro de la bragueta de mi amigo, al cual, como a ella, la historia había excitado cuerpo y mente.
-¿Por qué tienes la polla tan grande? – le preguntó traviesa.
-Para follar mejor – respondió Lucas, con los ojos entreabiertos porque la morena ya le estaba masturbando.
-¿Y los ojos tan brillantes? – siguió preguntando.
-Para mejor ver el cuerpo de las mujercitas – respondió Lucas, mientras la atraía aún contra su cuerpo, para ocultar lo que estaba ocurriendo y, sobre todo, porque quería sentirla bien adentro.
-¿Y la nariz tan traviesa? Me haces cosquillas – reía divertida, pues Lucas había hundido su cara entre el cabello y el cuello de la muchacha.
-Para saber si estas en tu punto, y – robó un beso de aquella boca -... Mmmmmm... lo estas.
-¿Y esta boca tan rugiente? – le pregunto aumentando el ritmo de sus caricias sobre el miembro de Lucas.
-Para comerte mejor.
Lucas iba a tumbarla sobre aquel banco, y hacerla suya, sin importarle los transeúntes que pasaban, pero ella le indicó que se detuviera.
-Primero, deja que te coma yo... ¿Puedo? – ella estaba cada vez más excitada, y, sonriendo traviesa, sin esperar el permiso, fue bajando, dando pequeños besos por su torso (el cual descubrió bajo al camiseta con la mano que la quedaba libre) hasta llegar a su miembro, el cual lamió -... Mmmm... ¿Así es como te lo imaginas al contar tus historias? – le dijo, sin apartar su mirada de los ojos de Lucas, los cuales traicionaba excitación - ¿Quieres que lo vuelva hacer, para comparar? – dijo. mientras volvía a lamerlo, arrancando un gemido a Lucas... La gente que pasaba sin querer pararse a mirar por puro temor a escandalizarse, no les podía importar menos. Ella, al fin, engullo el grueso miembro, y al sacárselo exclamó -... Mi boca si que es para comerte mejor ¿Verdad?
Como toda respuesta un ronroneo, casi un gruñido, y los dedos de Lucas enredándose entre los cabellos de ella, incitándola a continuar rodeando con sus suaves y dulces labios el tronco de su polla.

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Applesad


Con 17 o 18 años, Lucas escribió un relato llamado “Mi Profesora de Matemáticas”...

Esta ahí sentada, frente a mi, la miro de vez en cuando.
-¿Lo entiendes Simón? – me dice, y me muestra el problema de matemáticas.
-Si claro... – qué asado mas delicioso me haría contigo, o quizás me haría una sopita; pienso y asiento.
La miro los dedos, pequeños y rechonchitos, deseo cogerla la mano y comérmelos uno a uno. Deseo tumbarla sobre la mesa y follarmela antes de devorarla.
Toco su mano, ¡qué piel mas suave!
Qué deliciosa va a estar, juro que cataré esta pieza; pienso
Observo lo carnoso de su labio superior, ¡Uhmmmm, qué manjar mas delicioso!.
La miro y pienso en innumerables formas de cocinar a esta Gretel / Caperucita Roja.
Se tiene que marchar. Mientras bajamos las escaleras, desde mi habitación en la segunda planta, observo su culito apretado que pide a gritos un mordisco.
Hoy llego tarde a clase, y Soraya se ofrece a llevarme a donde sea en su coche. En aquel Citroen la atacare y disfrutare de su boca, sus deditos, sus senos, su piel, su cuello, su culo,....
Pero la sorpresa me la llevo yo.
El coche se detiene en un descampado.
-Sácate la polla – me ordena
Se quita el cinturón de seguridad, se agacha hasta la altura de mi miembro erecto. Me mira y sonríe. Comienza con dulces lametadas mientras lleva el ritmo con la mano derecha. No tardo en pasar de gourmet a merienda, mi pene aparece y desaparece dentro de su boca.
Pronto eyaculo. Ella se reincorpora y me besa. Me pregunto cómo sabia de mis intenciones, mientras, ella arranca el coche y retoma la marcha.


Años después escribió el Efímero en tres escenas “Saco de huesos”... En cuya tercera aparecía una chica que sobresalía entre las tras que actuaban en la obra, esa chica era Apple.

(Primera Escena)
Simón: (Al publico) A veces, cuando pescas un saco de huesos, acabas con dos... Es la suerte de todo cazador.
Barbara, el segundo saco de huesos en cuestión, tenía ahora la boca llena.
Simón: Chúpala como si fuera lo último que vas a hacer en la vida
lo más probable, para ella. es que eso fuera cierto
Simón: (Autocensurándose mientras la palpa) ... Huesos, solo huesos.
Con rostro confundido, Bárbara se sacó el miembro de la boca.
Bárbara: ¿Chupar? ¿Él qué? No paras de hablar de huesos ¿Chupas huesos? Yo prefiero la carne... No sé.
Simón: Pues... ¿¡Qué va a ser!? (se señala su miembro erecto, mientras se promete ligarse a una chica con algo de seso la próxima vez... Con algo de carne y de seso, mejor aún)... la polla, el pene, la verga, el cimbrel, el badajo, el siamés calvo y tuerto, el bastón de mando... Puedo seguir así horas ¿Sabes? Y tu solo tienes que chupar la que tienes delante ¿Es tan difícil?
Ella le mira entrecerrando los ojos.
Bárbara: Ya entendí, no soy imbécil
Y tras decir eso, reanuda la tarea, pero, con menor ímpetu, pues, esta. enfadada.
Él suspira,
Simón: (Al publico) Parecía realmente lista cuando la conocí en aquella fiesta... Ella abrió la puerta, y me sonrió. Yo me fijé en su escote y en que tenía la boca ancha, perfecta para tragar y tragar... ¿Qué podía fallar? (Pausa y nuevo suspiro)... Pues, podía fallar el que, fuera de todo lo anteriormente descrito, Bárbara tiene la cabeza hueca, no es que la hubiera invitado a casa para charlar, pero, al menos, agradezco no tener que estar recordándola constantemente lo que esta haciendo... Suerte tengo de que lleva días sin pegarme ningún mordisco en el nabo después de que él sabor marinero del miembro le recordara a los bocadillos de calamares de El Brillante... De veras que eso es un alivio.
Cansado y seguro de que ya no iba a correrse, indicó a Bárbara que se levantara.
Simón: Anda y ve a llevarle su comida a la otra – Ya a solas, de nuevo hacia el publico, se queja de su suerte)... Menudo ojo he tenido con esas dos ((mirando hacia el lado por el que se ha marchado Bárbara). No me queda más remedio que matar a Bárbara esta misma noche, y cocerla en su propia salsa, si algo quiero cenar (sacándose un cuchillo de la chaqueta, camina hacia el lado por donde marcho Bárbara... Decidido a degollarla, y luego arrastrar el cadáver a la cocina) ¿Esta chica tan delgada sudara? Bueno, no pierdo nada por intentarlo... y sino todavía me queda la otra.



(Segunda Escena)
Simón: (Ríe divertido, repiqueteando con su largo índice en las costillas de la chica pez, la primera a la que se había traído a la casa) Cuando estés más gordita, te comeré asada (dejando a la muchacha, dirigiéndose al publico) Llevo ya tres días cebando a este saco de huesos, su delgadez extrema es causa de las mortificaciones a las que su credo marino, y la llegada de la moda anoréxica a los océanos, la han empujado, y cada vez que alcanzo a palparla (la agarra por la cadera, mientras, la chica pez hace intento de escapar, así agarrada, reboza la entrepierna contra las escasas nalgas), la encuentro, aún, más delgada (Se abre la bragueta y libera le miembro, al tiempo que la voltea e incrusta su miembro entre aquellos labios de carpa)... No importaba, por ahora me conformó con fragmentar su alma, aunque, ya empiezan a faltarme nuevos agujeros u orificios que profanar en esta apetitosa y joven pescadilla.
Tira del pelo de la chica y se incrusta hasta la garganta, mientras con la otra mano la da dos nalgadas que señalan el apagado de la iluminación.


(Tercera Escena)
Simón: (Simón completamente desnudo, tiene acorralada contra la pared a una chica de cabello corto que, vestida solo con una largo jersey de cuello alto, sostiene entre sus anchos y jugosos labios una manzana... Simón sonríe y retrocediendo un poco, pero solo lo suficiente para mantener su brazo extendido con la mano apoyada contra la pared a la izquierda de la cabeza de la chica, desciendo la mano siniestra a la altura de su pene... En todo momento sus ojos violetas permanecen fijos en ella Comienza con suaves caricias desde la base hasta el prepucio, y luego estirando suavemente hacia abajo, dejando al aire su hinchada y rosada nuez de carne... Repite la acción aumentando gradualmente la intensidad y el ritmo de las caricias, arqueando cada vez más las caderas hacia ella, y asomándose por la uretra la primera gota perla pálido del préseminal) Agáchate y pruébala con tu lengua, cielo (la quita la manzana mordaza de la boca, con un movimiento delicado, la sonrisa difuminada por el deseo y el fuego de la pasión), y dime a que te sabe.
Ella sonríe le arrebata con suavidad la manzana y recoge sobre la piel del fruto la lagrima del miembro viril, después muerde la manzana por el lado donde esta la gota de liquido preseminal... Simón cae de rodillas, derrotado, como si su piel solo fuera un saca para sus huesos.
Ella: (Al sonreír sus labios se hacen aún más gruesos y perturbadores) Podría tropezarme y comerte la polla. Podría beber del pitorro hasta embriagarme y poner bien gordo este dedito (Con un gesto el cae mirando al techo, y ella, colocándose a cuatro aptas, da tres chupetones al glande para demostrar su teoría) . Podría, después, solicitarte que me enseñaras ese dedito y yo devorarlo sin ningún delito (ella se lo hunde hasta la garganta y mueve la cabeza simulando que se lo traga)... Podría ser yo la que te devorara, girando la rueda que me ponía, minutos antes, como ensartada.
Con un movimiento salvaje y rápido, se lo traga y simón suelta en ese momento un lamento mezcal de éxtasis y dolor.


Apple tenía 23 años, dos años más que nosotros, cuando la conocimos, y Lucas enseguida se enamoro de sus labios y de sus ojos, además de su estrambótico estilo en el vestir... Sí Lucas fue uno de los principales cerebros y el modelo masculino de lo que vendría, Apple era sin duda su contrapartida femenina en aquel nuevo movimiento que se gestaba. Ambos Sagitario, eran puro fuego de una imaginación y una personalidad desbordantes. El que Apple fuera poco más de siete centímetros más bajita que él no hacía más que aumentar la fascinación que Apple le provocaba.
Lucas: ¿Qué te gustaría si te propusiera una cita?
Apple: Qué hubiera sobre todo muchas risas.... jajajajajajajaja...
Fueron mañanas, tardes y noches de reuniones delante de cafés, cervezas, infusiones o lo que se dejara beber... sin desestimar sus propios jugos sexuales (aunque quizá me este adelantando un poco), siempre con uno o dos ceniceros a rebosar por las colillas de los tres. Yo como siempre, un mero observador.
Yo: ¿Cómo te definirías para nuestro lector?
Apple: Pues supongo que soy bastante extrovertida, me gusta el arte, me dedico a cantar y soy un culo de mal asiento.

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sábado, 24 de marzo de 2012

La discípula


La pareja salía del cine, acababan de ver “Caperucita Tenía una cita”...
Él la miró y la susurró algo al oído, se detuvieron, se quedaron rene a frente... él era quien hablaba, ella, que hasta el instante lo miraba con interés y fascinación, asentía algo dubitativa...

Una hora después...
-No se si... – dijo ella, dudando si continuar, nerviosa porque no esperaba eso... o quizá sí.
-Calla y relájate, te vendrá bien – dijo él, llevándose el índice de ella a la boca y chupándolo...
Él cubrió con sus cuerpo el de ella, sintiendo como se le aplastaban contra el torso los voluptuosos pechos de ella.
-¡No! – dijo ella, poniendo sus manos entre los dos, pero sin un verdadero deseo de repelerle. Quizá esperando que él se apartara -... No sé si es lo correcto.
-Créeme, lo es – dijo él, pasándole la lengua por la piel del cuello... Su sabor era el de un caramelo de anís.
Aún permanecían vestidos, y él, encendido más que ella, rebozaba su cuerpo contra él de ella... Haciéndole sentir en un punto cuan excitado le tenía.
Él mismo punto sobre el que ella había recostado al cabeza diez minutos antes, y al notarlo tan excitado la arranco una sonrisa.
-Vaya, ¿esto es por mi? – había preguntado, de forma desvergonzada.
Ahora, ella, se daba cuenta de que una cosa es jugar a coquetear, y otra muy diferente cuando das un paso más allá... Se sentía perdida y confusa, no quería detenerle, pero, por otra parte no sabía si hacían lo correcto...
Las manos de él la desabrochaban lentamente los botones de la blusa, sin dejar de mirarla... ¿Esperaba que lo detuviera?
La boca de él se prendía hambrienta del lóbulo, la mejilla, el cuello, los hombros, la clavícula, los pechos sobre el sujetador, mientras la desabrochaba los vaqueros y se los bajaba...
Ella estaba inmóvil, pero su respiración era agitada...
Con los pantalones y las bragas en los tobillos, la blusa abierta mostrando aquellos pechos redondos y turgentes que apenas cubría el sujetador, ella, la espalda clavada al colchón y la mirada nerviosa que iba de él al techo, se dispuso a ser abordada allí donde estaba más húmeda...
-Mmmmm... Que bien hueles, pequeña Gretel.
Él abrió su boca, casi abarcando la longitud del sexo de ella, y absorbiendo su clítoris mientras no cesaba de torturarla con la lengua, ahora tan centrada en los pliegues de sus labios como en enrollar el sabroso pedazo de carne elástico en la lengua para devorarlo a su gusto, llegando incluso a frotárselo contra los caninos... Tras un rato así, decidió escribirla con la lengua un mensaje letra a letra T-E-A-M-O-N-I-Ñ-A...
Aumentó la intensidad de sus chupadas y lamidas, y deslizo sus manos desde las nalgas, subiendo por los costados hasta sus abundantes senos... ahí, mientras intensificaba la labor en la fuente de su deseo, abrió el sujetador, y, colando sus manos bajo la tela, atrapo entre sus índices y pulgares los pezones y comenzó a pellizcárselos hasta que se pusieron rojitos y duros como deliciosas moras... Ascendió con la lengua desde su sexo, pasando por su vientre se metió una de esas silvestres frutillas entre los labios, la mamó y mordisqueó como un recién nacido, y excitó la aureola dibujando círculos con la lengua... una mano masajeaba el otro pecho, impidiendo que el pezón se relajase, mientras la otra se sumergía en su sexo ya con dos dedos en el interior de la muchacha.
-Menuda merienda se esta dando el brujito con estas tetitas – la decía él, jadeante, cada vez más encendido.
Ella deslizo su mano entre los dos cuerpos y alcanzo la entrepierna al rojo vivo de él, con dedos expertos bajó la cremallera y pugno con la tela del calzoncillo para poder extraer el sexo y comenzar a acariciarlo... Eso hizo que él perdiera aún más la razón.
Finalmente, el demonio predominó, y sus incisivos se hundieron en la jugosa carne del pecho, al tiempo que rodeaba con su mano aquella con la que ella empuñaba su miembro. Él ronroneó y gruñó, ansioso de penetrarla también con su miembro igual que la penetraba con sus dientes...
Ella ya estaba fuera de sí, y se lo confesó.
-Dios, cuando me lo propusiste no esperaba que esta fuera tan... genial – exclamó ella en medio de un suspiro / gemido de placer.
Él llevaba casi una década esperando aquel momento, esperando a que ella creciera... Que se convirtiera en la mujer voluptuosa y deseable que ahora tenía entre sus garras... No iba a desaprovechar aquel momento, quería saborearlo tal y como había merecido aquella espera...

Hace unas horas, antes de que se reunieran a las puertas del cine y vieran la película, ella sonreía mientras caminaba por las calles llenas de personas, muchas personas ¡Todo era tan grande! Buscó una tiendas que tuviera dulces. Muchos dulces, todos los que ella quisiera comer. Se compró de diferente sabores. Su discípula le desea un hermoso día, maestro; Pensó en él, y se rió feliz.

De nuevo, ahora... Ella se vio torpe, en comparación con la destreza que él demostraba con los dedos, pajeándole mientras él se afanaba en devorarla con sus labios y su lengua. Solo la quedaba algo con lo que igualar las cosas, y aún no estaba muy segura de querer que él estuviera dentro de ella...
-Túmbate – le gimió -... Ahora quiero hacer yo de brujita hambrienta,
Él sonrió, y ambos giraron sobre la cama, cambiando de posición... Una vez ella ya encima, se quedo mirando aquel cacho de carne que empuñaba... Se paso la lengua por los labios, mientras le miraba a él. El pene dio un respingo y se endureció aún más por ese gesto, ella sonrió: él ya la había confesado el efecto que sus ojos le provocaban. Quizá no iba a ser la primera vez que lo hacia, pero una cosa era cierta... Se sentía más nerviosa que nunca ante lo que ambos ya esperaban...
... Se inclino y paso su lengua tímidamente por la hinchada cabeza, aquello, sin la protección del prepucio, recordaba a una enorme nuez... o quizá a una fresón... Pensar en comida la ayudaba, se descubrió salivando. .
-¡Uy, Hansel, bribón! Pero que dedito más gordo me has estado escondiendo – sonrió traviesa, mientras se inclinaba y ladeaba un poco la cabeza para recorrer con una lenta lametada el ancho tronco del miembro -... Voy a tener que probar si esta tan rico como se ve – y dicho esto, se lo metió en la boca y cerró con fuerza los labios alrededor de pedazo de carne latiente...

Pasó casi una semana sin que él supiera anda de ella, pues nada más compartieron el orgasmo... Ella le insto a que le acompañara a la puerta, y cuando se despidieron ella parecía perdida, asustada... ¿Arrepentida?
Sí, arrepentida... No había otra explicación: él la había cagado y ella estaba arrepentida por haberle dejado que él provocara lo que había ocurrido aquella tarde.
¿Acaso solo él era culpable?
Finalmente la llamó...
-Tenemos que hablar, niña – la dijo.
-¿De qué? – respondió ella evitando el tema.
-Ya lo sabes – fue su respuesta.
Un instante de silencio, y por fin ella dijo.
-Quedamos en donde siempre dentro de un cuarto de hora ¿Te parece?
Él cogió su cazadora y salió de la casa a toda mecha... Llegando con cinco minutos de adelanto al lugar de la cita.
Pasaron diez minutos, él paseaba de un lado a otro de la calle, impaciente... aterrado ante la posibilidad de que ella no se presentara.
Y no se presentó... Pasada ya una hora de la fijada, él se dio cuenta del plantón y regresó a su casa...

Eran las 6 de la tarde, él se revolvió inquieto por la casa, como un felino nervioso... Quizá una bestia hambrienta, para él no había diferencia... Necesitaba apagar aquel fuego, y sacó su móvil consciente de quien era la mejor opción para hacerlo...

Una hora más tarde, se encontraba ya con compañía: una amiga que, en sus propias palabras, guardaba en la despensa desde que la conociera... Aquel día, horas después del plantón, había decidido tirar de ella, a fin de descontrolar su naturaleza y apagar su frustración y sentimiento de culpa.
Así que, frente a frente en aquel parque al que habían acudido, ahí la tenía: la tez morena, las carnes rollizas, el rostro mofletudo y la boca grande de labios carnosos. Su miembro iba a reventar los vaqueros, y la boca le salivaba... Pero no podía abalanzarse sobre ella de golpe, como un animal hambriento (aunque en realidad eso es lo que era ¿No? Como se había comportado con su discípula, con aquella chica que había confiado en él para que la guiara... No, fuera, la culpa no era buena consejera), por muy apetecible que fuera el bocado debía jugar sus cartas. Su olfato aún podía degustar el pastel de chocolate que ella había comido, durante una parada en un restaurante, antes de que llegaran a aquel parque... él apenas había probado bocado y había insistido en pagar. La boca se le hacia agua al sentir la mezcla de las dos esencias, la del pastel y la del cuerpo regordete de aquella muchacha...
-¿Te importa que nos sentemos? – la indicó.
-Claro – respondió ella.
Se sentaron en uno de los bancos de piedra que se repartían por todo el parque... él se colocó lo suficientemente cerca para sus planes, pero no tan próximo como para incomodarla... Era un depredador, y ella una gacela gordita y lista para la cosecha. Ya era hora de tomar aquella frutilla jugosa...
... Tanto tiempo reservándola, al fin iba a darla una utilidad.
Ella no paraba de hablar, mientras él, que simulaba escuchar una pedorata a la que nunca encontraba sentido, ya tenía una de sus manos sobre el ancho muslo de su presa: con aquel jamón podía alimentarse toda una familia...
Mientras ella no paraba de quejarse de la mal que le iba la vida y de buscar el drama donde nadie lo vería, él solo podía pensar en como seria que usara esa boca para algo más útil... En lo sabrosas que estarían esas mejillas aderezadas con su semen, o en las cantidades ingentes de carne que podría sacar de aquel cuerpo en caso de hambruna.
-¿Y tú qué opinas? – preguntó, finalmente ella.
-Que solo sirves para que te follen o para comerte – contestó él, sin dejar de hundir sus ojos en aquella carne tanto tiempo anhelada y prometida.
Pero, no... No era ese el camino acertado...

Había caído la noche, él esperó en una esquina de la calle a que ella se quedara sola en casa... y en cuanto vio a sus padres salir de la casa, se encaminó hacía el inmueble para a porrear la puerta...
Ella abrió asustada, y él no la dio tiempo para presentar oposición ni reacción... Acorralándola contra la pared, comenzó a desnudarla... para enseguida tomarla...
... MIA.
Sin soltar sus caderas, la levantó y descendió con rapidez pero sin crudeza, haciendo que mientras la penetraba ella sintiera al miembro recorrerla por completo las paredes vaginales al tiempo que friccionaba su tronco contra el clítoris, al principio lentamente para, paulatinamente, aumentar el ritmo de la cabalgada, en la que él era el potrillo y ella su tentadora amazona, mientras cada ascenso y descenso culminaba en que se hundiera aún más en ella, prácticamente empalándola.
-¿Te gusta así, niña?
Sin voz, ni fuerzas, ella asintió... tenía el cuerpo marcado por la bestia (él no se había podido resistir a follarla, también, con la boca y las manos), marcas que ella aceptaba con adoración... sin temor a acabar siendo la cena...
A escasos metros de allí, en la cocina, el horno estaba puesto a 300º... una temperatura perfecta para un asado.

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